viernes, 18 de mayo de 2012

MOROSINI EN ATENAS. El Partenón destruido - Η ΚΑΤΑΣΤΡΟΦΗ ΤΟΥ ΠΑΡΘΕΝΩΝΟΣ

Morosini en Atenas

Este artículo es una traducción libre, resumida y ligeramente adaptada, del trabajo con el mismo título del que es autora Kornilía Jatziaslani. (Arquitecto-Arqueólogo –Jefe Depto.- Servicio de Conservación de los Monumentos de la Acrópolis).
Ο Μοροζίνι στην Αθήνα
Κορνηλία Χατζηασλάνη
Αρχιτέκτων-Αρχαιολόγος, Προϊσταμένη του Τομέα Ενημέρωσης και Εκπαίδευσης της Υπηρεσίας Συντήρησης Μνημείων Ακρόπολης

Tras la conquista de Creta el 27 de septiembre 1669, los ejércitos turcos siguieron avanzando hasta situarse en las proximidades de Viena en 1683, pero el 12 de septiembre de aquel  año, sufrieron una primera derrota frente al rey de Polonia, Jan Sobieski y al duque Charles de Lorraine.

La victoria animó a Austria, Polonia y Venecia a unirse en un Liga Santa, en la que se alistaron miles de mercenarios de muy diversas nacionalidades, cuyo mando se entregó por unanimidad al veneciano Francesco Morosini, quien desde 1654 ya era Comandante en Jefe y Almirante de la flota veneciana.

A pesar de haberse rendido en Creta en 1669, Morosini había sido popularmente aclamado como un héroe al volver a Venecia, pero juzgado por entregar la isla sin orden superior,  siendo también acusado de traición y malversación de fondos. Aunque fue exonerado de todos los cargos, aquella prueba de desconfianza y acaso desagradecimiento de su gobierno, le hirió profundamente, lo que le llevó a retirarse completamente de la vida pública, situación en la que permaneció durante quince años. Aun así, de nuevo en 1684, ya con 66 años de edad, aceptó el mando de las fuerzas de mar y tierra de la República así como la jefatura de todas las operaciones militares contra los turcos.

El 10 de junio de 1684, tras la celebración de una misa solemne en San Marcos Morosini partió con la flota de la República. Las fuerzas mercenarias se pusieron bajo la dirección del Conde Otto Wilhelm von Königsmark, a quien Venecia ofreció un contrato en el que se incluía la posibilidad de llevar consigo a su familia y servicio. De este modo,  Anna Akerhjelm una dama de honor de la condesa, dejó un diario, así como un buen número de cartas dirigidas a su hermano, en los que describe la campaña  con gran realismo y sagacidad.
A principios de 1685, un ejército cosmopolita y multilingüe se reunió en la isla veneciana de Lido para embarcarse hacia Grecia.

Por medio de ataques sorpresa y asedios metódicos, los puertos y fortalezas de: Pylos del Peloponeso, Navarino, Metoni, Koroni, Argos, Nafplion, Patras, Rio, Mistra y Corinto, fueron cayendo regularmente en manos de los venecianos, hasta que, con excepción de Monemvasia, se convirtieron en dueños de la península del Peloponeso, cuyos puertos aseguraban el comercio de la Serenísima en todo el Egeo. En dicho territorio se fundó el reino de Morea, –nombre con el que, hasta la fecha se conoce también la península del Peloponeso y que, como tal reino, se mantuvo hasta 1714. Fue entonces cuando Morosini recibió el extraordinario título de Peloponesíaco.

En agosto de 1687, las tropas de la Liga se reunieron en Corinto. Morosini, acompañado por Königsmark, convocó un Consejo de Guerra para decidir entre varios objetivos posibles: la recuperación de Creta, por ejemplo, fue descartada a causa de su lejanía; Eubea también resultaba distante y Jálkida se contaba entre las ciudades mejor fortificadas. Como al mismo tiempo, los turcos se estaban concentrando en la Grecia Continental, la Liga decidió intentar expulsarlos de Atenas.

Lo que se sabe de la campaña de Atenas y la voladura del Partenón por fuentes contemporáneas, es poco y contradictorio. Tenemos la correspondencia de Morosini, que junto con las actas oficiales y los informes de la República de Venecia, servía más bien a fines políticos. Asimismo, existe el testimonio de personas de muchas nacionalidades, escritas en distintas lenguas; el de otras personas civiles testigos de la campaña, e incluso el de algunos venecianos que no estuvieron presentes, pero todo esta información genera grandes incertidumbres y dificultades casi insalvables para la investigación verídica de los hechos.

A finales de agosto, un sacerdote capuchino, viajó desde Atenas a Venecia con el fin de negociar la cantidad que habrían de pagar los atenienses para evitar que la campaña tuviera lugar. Los venecianos pidieron 40.000 reales anuales. A principios de septiembre, otra delegación, encabezada por el Metropolitano Iakovos, se dirigió asimismo a la República y, después de largas y difíciles negociaciones, alcanzó  un acuerdo por el que Morosini se comprometía a evitar cualquier alteración en la ciudad, a pesar de lo cual, con la llegada del otoño tuvo lugar un nuevo Consejo de Guerra, en que los líderes de las fuerzas aliadas insistieron en seguir adelante con la campaña de Atenas.

Morosini planteó su negativa con argumentos de carácter estratégico. En primer lugar, la proximidad del invierno dejaba muy poco tiempo para la conquista de la Acrópolis. En segundo lugar, aun cuando la fortaleza fuera conquistada, los beneficios militares subsiguientes eran extremadamente dudosos, además de que, entre tanto, los turcos podrían invadir el Peloponeso desde Megara, mientras que las tropas cristianas destacadas en Atenas sólo podrían abastecerse desde el mar, debiendo recorrer para ello una distancia relativamente grande. Por último, si después de la campaña –dando por hecho que esta fuera victoriosa para la Liga-, los turcos decidieran volver sobre Atenas para recuperar la fortaleza, los venecianos, se verían obligados a arrasarla, así como el conjunto de la ciudad, antes de abandonarla. Esta operación de tierra quemada, comportaría excesivos gastos y una larga permanencia en la ciudad.

Los razonamientos de Morosini no lograron persuadir a los demás líderes, pero justo entonces, apareció una tercera delegación de notables atenienses solicitando que se procediera de inmediato al ataque de la fortaleza, a cuyo efecto ofrecían su propia contribución en hombres y fondos, porque en aquel momento –siempre de acuerdo con la información que ellos mismos aportaron-, los turcos estaban aterrorizados y la Acrópolis se hallaba en tan malas condiciones, que su rendición sería cuestión de días.

De hecho, aunque las relaciones entre turcos y griegos, se habían mantenido hasta entonces dentro de un cierto equilibrio, los rumores sobre el ataque veneciano provocaron que se volvieran extremadamente hostiles. Ahora los atenienses creían llegado el momento de librarse de la dominación turca y sus expectativas dieron lugar a que en un nuevo consejo de guerra se votara definitivamente a favor de la campaña de Atenas.

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¿En que situación se encontraba el Partenón antes del ataque veneciano?
Las primeras ilustraciones de la Acrópolis –de las que aún disponemos- fueron las realizadas por Ciriaco de Ancona alrededor de 1435 — una de ellas, es la reproducida en 1465 por Giuliano Giamberti, más conocido como Sangallo.

Versión de Sangallo del dibujo del Partenón realizado por Ciriaco de Ancona.

En 1674 el embajador francés de Luis XIV, Marqués Olier de Nointel, visitó la Acrópolis acompañado de su pintor Jacques Carrey, quien, en sólo quince días, dibujó sistemáticamente y con gran precisión, el frontón, el friso y las metopas del sur del Partenón. En realidad, muchos de los investigadores de las esculturas del Partenón dependen de estos valiosos dibujos, aunque una parte de los bocetos se perdió irremediablemente pocos años después.

En 1676, el médico francés Jacob Spon publicó un dibujo de Atenas mostrando la Acrópolis, que había sido esbozada por el jesuita misionero Paul Jacques Babin.
Una vista de la Acrópolis y parte de la ciudad de Atenas, en el esbozo de Babin publicado por Spon (1672-1676).

Más tarde, en el ala sur, se construyó una torre Franca de 26 metros de altura. El edificio clásico se mantuvo casi intacto, pero la impresión que causaba era más bien la de ser una fortaleza con torres y murallas almenadas, en lugar de un templo.
El lado oeste de la Acrópolis con la torre de los francos, en una pintura de Lemercier.

Cabe recordar que, dentro de la Acrópolis, durante años, existieron casas construidas con materiales extraídos de los monumentos.

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Los turcos de Atenas, una vez que se dieron cuenta de que la roca fortificada de la Acrópolis era el obstáculo principal y más importante para la conquista de Grecia continental, se prepararon para hacer frente a la temible artillería veneciana, que sabían era excepcionalmente poderosa y que había causado grandes estragos en otras fortalezas del Peloponeso. El mayor peligro vendría, sin duda desde el lado occidental, es decir, desde la Colina de las Musas y el Pnix, lugares en que los venecianos habrían de emplazar su artillería, puesto que su distancia se adaptaba al alcance de sus cañones. Para proteger aquella parte de la Acrópolis, los turcos  desmantelaron el templo de Atenea Niké y utilizaron sus fragmentos, junto con rocas y tierra, para construir una muralla. En las excavaciones llevadas a cabo tras la liberación, reaparecieron los restos del templo, lo que permitió su reconstrucción en 1838.


 
El templo de Atenea Niké conmemora la victoria sobre los persas en la batalla de Salamina (448 aC).



Atenea atándose la sandalia (relieve del templo).


La campaña comenzó el 19 de septiembre de 1687.

La ciudadela y la ciudad de Atenas, tal como las veía el ejército veneciano en 1687 (grabado de la colección Stathis Finnopoulos).

Morosini, con el fin de confundir a los turcos, envió una parte de la flota, al mando del almirante Veniero, en dirección a Eubea. De hecho, los turcos se sintieron aliviados, creyendo que, por el momento, se alejaba la inminente amenaza. Pero aquel mismo día, el resto de la flota trasladaba al puerto del Pireo a todo el ejército veneciano –de acuerdo con las notas de Locatelli, secretario de Morosini, 9.880 hombres y 871 caballos, además de artillería, bombas, suministros militares y gran cantidad de material de asedio.

La señora Akerhjelm menciona en su diario que, debido a una gran tormenta, la galera en la que ella viajaba acompañando a la condesa von Königsmark, se vio obligada a amarrar en el Pireo, donde naturalmente tuvieron que arriar la bandera veneciana, poniendo en su lugar una británica. Afortunadamente para ellas, el cónsul británico se hallaba en ese momento en el Pireo y, hablando en inglés, les dijo públicamente, que los atenienses no estaban dispuestos a pagar impuestos a los venecianos, pero hablándoles después en alemán, les aseguró que en la fortaleza de la Acrópolis había sólo cuatrocientos hombres y que su captura, por tanto, no sería particularmente difícil. Las damas insistieron en bajar a tierra y fueron a visitar el famoso León del Pireo, según parece, para medirlo. Al día siguiente, con viento favorable, partieron, llevando valiosa información, muy útil para Morosini.

Al amanecer el día 21 de septiembre, los turcos despertaron con la flota veneciana anclada en el Pireo. Incluso estaba allí Veniero que ya había vuelto de Eubea. El pánico recorrió la ciudad y los turcos, reuniendo a toda prisa sus objetos de valor, subieron a la Acrópolis. Hacia el mediodía sólo había griegos en Atenas.

Según Locatelli, un nuevo Comité de notables visitó a Morosini para ofrecerle obediencia, ayuda e información topográfica y estratégica. Sabían que si intentaban mantenerse neutrales, cualquiera que fuera el lado hacia al que se inclinara la balanza, ellos sufrirían las consecuencias y, en todo caso, intentaban evitar que la artillería de Morosini destruyera toda la ciudad. En vista de ello, los venecianos designaron una fuerza de 150 hombres que, al mando del coronel Raugraf von der Pfalz, debían ocupar Atenas y protegerla de cualquier posible ataque turco.

Los venecianos enviaron un mensaje a la fortaleza con una oferta: permitirían salir en paz a soldados y refugiados, con todo cuanto pudieran llevar encima, si se rendían inmediatamente, pero estos no aceptaron, en la seguridad de que muy pronto recibirían ayuda. Entre tanto, un gran número de tropas bajo el mando Königsmark —sirviéndose de guías atenienses-, atravesaron los olivares del Ática y, en los alrededores de Atenas, ocuparon los principales puntos estratégicos por los que pudiera llegar ayuda a los ocupantes de la Acrópolis.

En la noche del 21 al 22 de septiembre, Königsmark, ordenó su artillería: 15 cañones en la Colina de las Musas; 9 en el Pnyx y 5 más en el Areópago. En la mañana del 23, comenzó el bombardeo sistemático de la Acrópolis.

Una sección de la artillería fue puesta a cargo de Antonio Mutoni, conde di San Felice, a quien la mayoría de los testigos acusa de ser totalmente incapaz. Innumerables descripciones de sus colaboradores, llenas de ironía, aseguran que “frecuentemente, las bombas volaban sobre la fortaleza y aterrizaban al otro lado, resultando de ello la muerte de los sitiadores en lugar de los sitiados”.

El 25 de septiembre, de acuerdo con el relato de León de Laborde una bomba cayó en el pequeño polvorín del Propylion; incendió la pólvora y derrumbó una parte de la edificación. Los venecianos continuaron con el bombardeo.

Las informaciones contemporáneas sobre la voladura del Partenón, siguen siendo contradictorias; unas fuentes dicen que el disparo fatal fue producto del azar y otras, que se produjo por  una decisión voluntaria y estudiada.

Según el testimonio del oficial alemán Sobievolski, el 22 de septiembre, un fugitivo de la fortaleza informó a los venecianos de que todas las municiones habían sido trasladadas al Templo de Atenea y que todos los dignatarios turcos se habían refugiado allí, confiados en la certidumbre de que los cristianos nunca se permitirían dañar  el templo. Tras conocer esta información, la mayoría de los cañones dirigieron su fuego precisamente hacia el templo, aunque, en un principio, sin éxito.

La noche del 26 al 27 de septiembre, durante la luna llena, una bomba logró colarse a través de una abertura en el techo del Partenón y alcanzó la enorme cantidad de pólvora allí almacenada. La explosión subsiguiente partió el edificio en dos, casi literalmente. La más perfecta estructura del arte clásico voló en gran parte por los aires. Los venecianos, de acuerdo con las fuentes, estallaron en aplausos.

-Tres de las cuatro paredes del santuario se derrumbaron casi por completo.
-Cayeron tres quintas partes de las esculturas del friso.
-Aparentemente, se derrumbó todo el techo.
-Cayeron seis columnas del lado sur y ocho del norte.
-Tras las columnas, se vinieron abajo los enormes arquitrabes de mármol, arrastrando triglifos y metopas en su caída.


Trescientos turcos murieron de las heridas causadas por los fragmentos de mármol que salieron disparados en todas las direcciones.


El fuego se extendió a las casas próximas, sin que nadie pudiera intentar extinguirlo por falta de agua.


La Acrópolis ardió durante toda la noche del 26 al 27.

Los turcos supervivientes decidieron no rendirse a pesar de todo; seguían esperando los refuerzos que, de hecho, aparecieron al amanecer el día 28 de septiembre, pero fueron interceptados por los soldados y la caballería de Königsmark.

Unas horas después, aparecía una bandera blanca en la Torre de Propyleo y cinco jefes turcos salieron a negociar los términos de la rendición. Se ordenó el “alto el fuego” y los parlamentarios turcos fueron conducidos al campamento veneciano del Pireo.

Morosini exigió la rendición incondicional y los delegados turcos pidieron una garantía explícita sobre sus vidas y que les fuera facilitada la salida.

El día 29, Königsmark firmó un acuerdo por el que a los turcos, efectivamente se les garantizaba la vida y el derecho a salir con todo cuanto pudieran llevar sobre los hombros, excepto, por supuesto, armas y municiones. La rendición se produjo al mediodía y la bandera veneciana ondeó sobre la Acrópolis.

El 4 de octubre, en cuanto los turcos abandonaron la Acrópolis, los venecianos subieron a ocuparla. El panorama que hallaron fue terriblemente trágico. Los trescientos muertos seguían sin enterrar; no había médicos ni medicinas para los heridos y los supervivientes llevaban días miserablemente hacinados entre ruinas y cadáveres.

El conde Pompei fue nombrado comandante de la fortaleza y su primera preocupación fue el entierro de aquellos cuerpos, que llevaban ya casi diez días expuestos. Después procedió a hacer inventario de los materiales de guerra abandonados e improvisó equipos para tratar de poner orden en las grandes cantidades de mármol esparcidas por todas partes.

Morosini, acompañado por Königsmark y, rodeado por la cúpula de sus oficiales, entró triunfalmente en Atenas. A las puertas de la ciudad, los obispos y los atenienses nobles los recibieron como vencedores y ratificaron su lealtad a la República de San Marcos. Morosini confirmó sus privilegios a los ciudadanos, garantizando su autonomía así como los derechos del arzobispo y los clérigos ortodoxos.

Se celebró una misa de acción de gracias en una de las mezquitas mayores, que fue transformada en la Iglesia de San Dionysio Areopagita -Αγίου Διονυσίου του Αρεοπαγίτου-. Más tarde, la mayoría de las mezquitas abandonadas también se reconvirtieron en iglesias ortodoxas, excepto dos; una de ellas se reservó al culto católico y otra al protestante.

La señora Acherhelm escribió: Su Excelencia [se refería a Königsmark] se encuentra terriblemente afligido por haber tenido que destruir un bellísimo templo que había estado allí durante 3000 años y que se llamaba de Atenea; las bombas han hecho su labor de tal manera que jamás podrá ser reconstruido!

Los vencedores decidieron pasar el invierno en Atenas y los mercenarios extranjeros se establecieron en campamentos por nacionalidades en la misma ciudad. El ingeniero veneciano Verneda, siguiendo una orden de Morosini, realizó varios planos topográficos y distintas representaciones de aspectos de Atenas y la Acrópolis, así como otros dibujos relativos al bombardeo y la explosión, que  se han conservado hasta la actualidad.

Obra de Giacomo Verneda, Oficial de Artillería veneciano, testigo de la explosión.

Sabemos que los atenienses recibieron y trataron bien a los soldados extranjeros a pesar de las dificultades de los diferentes idiomas. El mercenario alemán Urlich Friedrich Homberg escribió: Atenas es una sociedad grande y poblada. Yo no cambiaría el vino de Atica por la mejor cerveza. Aquí he encontrado enormes uvas como las mencionados en el Antiguo Testamento; dos hombres tendrían dificultad para levantar una sola cepa…

La señora Akerhjelm escribía asimismo a su hermano: La ciudad es mejor que todas las demás, aunque hay muchas ciudades hermosas, de griegos y de turcos. Usan ropa hecha de telas finas y de tejido maravilloso. Fuimos a ver a un capuchino y nos ofreció vino, pan, manzanas, higos y granadas. ¡Es imposible describir todas las antigüedades que se acumulan aquí! Me gustaría saber, hermano, qué pensáis acerca de nuestra estancia en esta ciudad, Atenas, la fuente de la civilización de todas las demás, incluida Roma!

Pero las relaciones entre los venecianos y los mercenarios empeoraron progresivamente. Morosini en sus informes acusaba a los extranjeros de extorsionarle constantemente con nuevas y crecientes demandas de dinero, mientras que los mercenarios, en todas las descripciones que se han conservado, reprochaban a los venecianos su mala fe y su codicia; La República nos ha engañado y se comporta con nosotros de una manera despreciable. Parece cierto que Morosini les pagaba con moneda veneciana devaluada.

Por otra parte, las diferencias religiosas entre los venecianos católicos y los protestantes alemanes, junto con la variedad lingüística de todo el conjunto, dificultaron la comunicación y contribuyeron a obstaculizar cada vez más el contacto entre los soldados, todo lo cual, en definitiva, repercutía sobre los atenienses.

Fuera de Atenas, los mercenarios se negaron a proteger a los griegos de los ataques turcos como se les había prometido por lo que muchas familias que vivían en el Ática, se vieron obligadas a abandonar sus hogares y sus tierras y trasladarse a Atenas. El repentino aumento de población provocó una inmediata escasez de alimentos, agravada por la avidez de los mercenarios dedicados a saquear lo poco que quedaba. Para colmo de males, el hacinamiento y la escasez, ayudaron a la aparición de la peste.

Mientras esto ocurría en la Atenas “liberada”, los turcos concentraban sus fuerzas en Tebas (A unos 50 kilómetros de Atenas, en línea recta).

El 31 de diciembre de 1687, Morosini convocó un Consejo de Guerra en el Pireo a fin de analizar la crítica situación: ante la imposibilidad de fortificar Atenas por falta de tiempo, dinero y mano de obra, se imponía la necesidad de evacuarla; había que sacar de allí a los griegos como único medio de evitar que fueran sacrificados por la más que segura venganza de los derrotados en cuanto los venecianos se retiraran. Además, se hacía imprescindible sembrar de explosivos la ciudad y la Acrópolis, para impedir que aquellos volvieran a fortificarla, tal como había previsto Morosini.

Tres días después, la situación era excepcionalmente grave y se hizo urgente la necesidad de evacuar a los atenienses a otras regiones bajo control veneciano. En su informe a Venecia del día 1 de enero de 1688, Morosini escribió: He intentado consolarlos asegurándoles que les ofrecería todo el apoyo y toda la asistencia necesaria en sus nuevas residencias. Aun así, los atenienses, en un último intento por permanecer en sus hogares, ofrecieron dinero y propusieron incluso la formación de un ejército que ellos mismos pagarían durante un año, pero Morosini rechazó la propuesta.

El día 12 de febrero, el Consejo de Guerra tomó una decisión por unanimidad: Atenas debía ser inmediatamente desalojada. Se consideró asimismo la propuesta de destruir la ciudad, pero, afortunadamente, no se disponía, ni del tiempo, ni de los medios para hacerlo. Tales carencias constituyen la única razón que evitó la destrucción total de la Acrópolis y todos los demás monumentos; de hecho, en aquellos momentos, nadie pensaba en la necesidad de su conservación.

Comenzaron los preparativos para la partida, pero los desastres no habían terminado.

El 4 de diciembre, el Senado envió una orden a Morosini: Hemos recibido las representaciones de la ciudad de Atenas y su fortaleza que realizó el conde di San Felice y observado con placer los famosos monumentos antiguos allí existentes. Autorizamos el retiro y envío a esta República de aquello que juzgue más importante y más artísticamente valioso para aumentar nuestro prestigio. La votación había sido de 162 a favor del saqueo, dos en contra y una abstención.

Morosini eligió las esculturas mejor conservadas del frontón occidental del Partenón e intentó retirarlas, pero en su informe de 19 de marzo escribió: Realizamos un enorme esfuerzo para arrancar el enorme  frontón, pero se desplomó desde su colosal altura y es un milagro que no haya ocurrido alguna desgracia a ningún trabajador.  La razón es que la estructura fue levantada sin argamasa y las grandes piezas están ensambladas con gran habilidad. Nuestra incapacidad para construir andamios, y otros mecanismos necesarios, nos ha obligado a abandonar cualquier esfuerzo en este sentido. En consecuencia, he renunciado también a cualquier intento de tomar otras piezas esculpidas de la decoración del templo. No obstante, he decidido tomar una leona de maravillosa belleza artística; incluso si no aparece su cabeza, puede ser fácilmente sustituida con mármol del mismo tipo que envío junto con la escultura.

 
El frontón occidental –como era– y un fragmento de “Atenea” hoy en el Museo Británico (Elgin).


Morosini se apropió de varios leones allí donde los encontró: uno de la Acrópolis, otro de la zona del Theseion y, por supuesto, el conocido León del Pireo, por el cual se llamaba entonces Porto Leone. Desde entonces decoran el Arsenal de la República como un trofeo de guerra, si bien, había sido arrebatado a sus amigos griegos, no a los enemigos turcos.

Con o sin orden de la República cualquier soldado, veneciano o de otra nacionalidad, encontró la oportunidad de llevarse otras piezas fácilmente transportables, de modo que tantos elementos del Partenón o de otros monumentos de Atenas que hoy se encuentran en colecciones privadas y museos europeos sin que nadie sepa cómo, posiblemente proceden de esta época y, más probablemente, de los soldados del ejército de Morosini.
Un caso característico es el del Secretario de Morosini, San Gallo, que se llevó la cabeza de una escultura femenina de las que cayeron del frontón occidental; después de muchas aventuras, el arqueólogo alemán Weber, que había estudiado las tallas Elgin del Partenón, la compró a un marmolista veneciano que estaba a punto de destruirla. Así lo relata Laborde, que más tarde se la compró a Weber y la sacó a escondidas de Italia. Hoy la "Cabeza Laborde" está en el Museo del Louvre. 

Otro oficial veneciano se apropió de una sección del friso que muestra a dos jinetes en la procesión y la cabeza de un caballo; estos se encuentran en el Museo de Historia del Arte de Viena. Otro oficial, en este caso danés, llamado Hartmand, se llevó dos cabezas de dos metopas del lado Sur; están en el Museo Nacional de Copenhague.

En cualquier caso, gracias  a las prisas y a las dificultades del transporte, el saqueo no fue más destructivo y sistemático entonces, pero el camino quedaba abierto a futuros depredadores.

De hecho, el Partenón fue un lugar de culto para los musulmanes, quienes nunca hubieran permitido la sustracción de la menor piedra si esta tenía un significado religioso. Sin embargo, su destrucción y posterior abandono, fue lo que permitió más tarde que Elgin obtuviera un permiso para apoderarse de ciertos elementos específicos, y que, abusando del mismo, procediera al saqueo desmesurado del templo.

Lo ocurrido en 1678 fue el origen de todas las catástrofes sucesivas, hasta tal punto, que se puede presumir, con un alto grado de certidumbre, que si el asedio y bombardeo llevados a cabo por Morosini no hubieran tenido lugar, el Partenón habría sobrevivido casi intacto hasta la actualidad.

Después de la destrucción del Partenón por la artillería veneciana, en el interior de las ruinas y en el siglo XVIII se levantó una nueva mezquita. (Pintura de J. Skene, 1838).

A mediados de marzo de 1688, los atenienses, en un estado de gran desesperación y duelo, abandonaron Atenas a bordo de las naves venecianas. Algunos se establecieron en Salamina, otros en el Peloponeso y otros en las Islas Jónicas. El 4 de abril, la evacuación de Atenas se había completado y el día 8, Morosini abandonaba una ciudad desierta. Después de sus sorprendentes victorias, era la primera vez renunciaba a una fortaleza conquistada.

Dos meses después, tras la muerte del Dogo Marcantonio Giustiniani, Morosini recibió en Egina la noticia de su elección para el cargo más alto de la República. Su coronación tuvo lugar allí mismo y, ya en calidad de Dogo, abandonó la isla con destino a Halkida. En septiembre de 1688, durante el asedio de esta ciudad, moría Königsmark y a finales del mismo año, Morosini cayó enfermo, lo que le obligó a regresar a Venecia. Cinco años después, cuando ya contaba setenta y cinco y en pleno desarrollo de su tercera campaña contra los turcos, enfermó gravemente en Jarystos desde donde fue llevado a Nafplion, donde murió en enero de 1694.

Desde un punto de vista militar, la campaña contra Atenas fue un evento insignificante, pero permanecerá en la historia por haber provocado la destrucción de la mayor obra maestra de la antigüedad clásica.

Los venecianos, por supuesto –añade cuidadosamente la autora de este artículo-, afrontaron la cuestión con la mentalidad de la época; como hay que hacerlo hoy, sin duda. En cuanto a Morosini, asegura que fue un general muy capaz, y que desde el principio estuvo en contra de aquella campaña a pesar de que sus argumentos no lograron imponerse, pero que una vez que se tomó la decisión de atacar, la Acrópolis fue para él, simplemente una fortaleza y el Partenón un polvorín que debía conquistar a toda costa.

Parece que la misma regla de objetividad es más difícil de aplicar a los Leones y los Mármoles, que no constituían un objetivo militar, ni tenían influencia alguna sobre la expulsión de los turcos.

El general veneciano nunca consideró que hubiera causado un daño irreparable en la Acrópolis -ni durante el bombardeo, ni después-, mucho menos, llegó a sentirse responsable por ello; de hecho, estaba convencido de haber alcanzado su objetivo certera y limpiamente.

Quando Venezia si scusò dell'accaduto Morosini commentó: Ma quali scuse? Se l'ho abbattuto alla prima bordata!.

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martes, 15 de mayo de 2012

TRES TRISTES MATRIMONIOS Y DOS TRÁGICAS TENTATIVAS: MARÍA ESTUARDO -III- BOTHWELL

TRES TRISTES MATRIMONIOS Y DOS TRÁGICAS TENTATIVAS.
TERCERA PARTE: 

Mary Stuart y James Hepburn, I Duke of Orkney, IV Earl of Bothwell

JAMES HEPBURN, CONDE DE BOTHWELL
(1534-14.04.1578)

Antes de conocer a Mary Stuart, Bothwell había navegado con frecuencia por el Mar del Norte. En uno de sus viajes, en 1559 desembarcó en Copenhague, donde conoció y se enamoró de Anne RUSTUNG, o Throndsen, una noble noruega, hija de un cónsul de Dinamarca. Tenía entonces Bothwell 25 años y ambos se instalaron en Flandes, hasta que se acabó el dinero.

Después de hacer que Anna vendiera todos sus bienes, Bothwell la envió de vuelta a su casa para pedir más fondos. Sea como fuere, al año siguiente, el escocés ya había abandonado a Anne en Flandes y ese mismo otoño, lo encontramos en París, donde la reina María Estuardo, le recibe y recompensa -mucho mejor de lo que merecía, en palabras del mismo Bothwell, que era partidario incondcional de los Guise-. Tan excelente trato, le llevó a París en distintas ocasiones, hasta que, tras el fallecimiento de Francisco II, se ocupó de la vuelta de Mary a Escocia, ofreciendo para ello sus propias naves.

Sin embargo, una vez instalada la reina en Escocia, Bothwell protagonizó diversos enfrentamientos con los condes de Arran y Hamilton, a causa de los cuales resultó encerrado en el castillo de Edimburgo, en 1562 sin que consten las causas de la reclusión, a la que no precedió proceso alguno. Bothwell, sin embargo, quedó libre muy pronto.

En febrero de 1566, Bothwell se casaba con Jean Gordon, una hija del Conde de Huntly. Mary asistió como invitaba a la ceremonia de aquel matrimonio que, de hecho, no duró más de un año.
Jean Gordon, Condesa Bothwell

A pesar de su encierro y de la boda con Jean Gordon, la reina viuda y Bothwell cimentaron una buena relación; de hecho, no mucho después del nacimiento del hijo de Mary, (19.06.66) cuando la reina supo en Jedburgh que Bothwell estaba gravemente herido, no dudó en cabalgar de inmediato hasta Hermitage Castle para visitarlo, viaje que provocó que ella misma cayera enferma.

Hermitage Castle (Panoramio)

En 7 de Mayo de 1567 Bothwell obtenía el divorcio, consiguiendo que la propia Jean Gordon lo solicitara, acusándole de adulterio. Habían pasado solo tres meses desde el asesinato de Darnley –del que Bothwell fue acusado y eximido-, y sólo quedaban dos semanas para que se casara con Mary Stuart.

El 20 de Abril anterior se había pactado el llamado Ainslie Tavern Bond, por el que Bothwell, no sólo resultaba inocente del asesinato de Darnley, sino que era propuesto como el esposo ideal para Mary Stuart, esencialmente, por ser escocés de nacimiento. La declaración fue firmada por algunos de los principales representantes de la nobleza y el clero, al parecer, con autorización de Mary. De acuerdo con la lista de Lord Cecil, quien investigó el escrito por orden de la reina de Inglaterra, entre ellos aparecían algunos señores a los que ya conocemos bien:

James Stuart, Conde de Moray - Conde de Argyll - Conde de Huntly - Conde de Cassilis - Conde de Morton - Conde de Southerland - Conde de Rothes - Conde de Glencairn - Conde de Caithness - Lord Boyd - Lord Seton - Lord Sinclair - Lord Sempil - Lord Oliphant - Lord Ogilvie - Rosse-Hacat, Carleile of Torthorwald - Lord Herries - Lord Home - Lord Innermeath y el  Obispo de Ross.
Otras copias existentes completan la lista con algunos personajes más, como el Conde de Erroll - Lord Glamis - Lord Fleming - Arzobispo de Saint Andrews, - los Obispos de: Aberdeen, Whithorn, Dumblane, Brechin, Ross y el de Orkney, llamado Adam Bothwell.

Cuatro días después (24.04.67), cuando volvía de visitar a su hijo James en Linlithgow, Mary era raptada por Bothwell, quien apareció acompañado por un pequeño ejército de entre 400 y 800 hombres y aseguró a la reina que la retenía por su propia seguridad, puesto que correría un grave riesgo si volvía a Edimburgo.

Se casaron el 15 de mayo y, exactamente un mes más tarde (15.06.1567), Mary era derrotada y capturada por la fección enemiga de la nobleza en la Batalla de Carberry Hill. Bothwell logró escapar y, al despedirse de su esposa, le prometió que iría a buscar refuerzos para ayudarla a recuperar el trono, pero nunca más volvieron a verse. En diciembre, Borthwell fue acusado de alta traición por el Parlamento escocés.
*
Carberry Hill se encuentra al este de Edimburgo, a muy poca distancia de la ciudad. En junio de 1567, la reina Mary pasó allí sus últimas horas de libertad.


A pesar de ser declarado no culpable del asesinato de Darnley, graves sospechas seguían pesando sobre la persona de Bothwell, además de atribuírsele un carácter inestable y cruel. Su boda con Mary, fue generalmente desaprobada por el pueblo escocés y por buena parte de la nobleza, como Maitland, Morton, Balfour y Murray de Tullibardine, quienes se confederaron en su contra y, consecuentemente,  se enfrentaron también a Mary.

En la madrugada del domingo 15 de junio, los rebeldes se dirigieron a Edimburgo a la cabeza de un ejército y tomaron pisiciones entre Carberry Tower y Carberry Hill, mostrando un guión en el que se leía: “Oh, Señor, Juzga y venga mi causa”.



Fragmento de un dibujo contemporáneo de la Batalla de Carberry Hill:

El guión con la divisa aparece en el ángulo superior izquierdo. En el centro, Mary; un hombre lleva las riendas de su caballo y se dirige al campo enemigo escoltada por dos jinetes. Bothwell, a caballo, a la derecha, junto a cuatro cañones.

Cuando los dos ejércitos tomaron posiciones,  se cruzaron mensajes de desafío al estilo de la vieja caballería. Monsieur du Croc, el embajador francés, llegó de Edimburgo para rogar a Mary que abandonara a Bothwell, prometiéndole en nombre de los confederados, que si lo hacía, ellos se darían la vuelta sin combatir y se someterían a ella. Mary se negó resueltamente a hacerlo.

Hubo algunos encuentros personales, pero no se combatió propiamente. Al anochecer, los hombres de Mary empezaron a retirarse del campo, persuadidos de que su causa no podía triunfar. Finalmente, la reina pidió un salvoconducto para Bothwell, ofreciéndose ella misma como rehén. Acto seguido se despidió de él y Bothwell se retiró a Dumbar.

Cuando Mary entró en el campamento rebelde, comprobó la enorme pérdida de popularidad que había sufrido su imagen, al ser abucheada por los soldados. Posteriormente, fue conducida a Edimburgo donde quedó, bajo custodia militar, en la casa del preboste de Craighmillar.

Aquel día y en aquel lugar empezó un largo cautiverio que sólo terminaría con la ejecución de Mary Stuart veinte años después.
*
Se diría que los acontecimientos se desarrollaban con más velocidad de la que Mary era capaz de controlar, o que tal vez todo ocurría a sus espaldas, o cuando menos, sin su participación directa, como en tantas otras ocasiones había sucedido.

En su huída, Bothwell navegó hacia el norte, yendo a parar a las costas de Noruega –en aquel momento, bajo soberanía danesa-. Habiendo desembarcado sin solicitar las autorizaciones pertinentes, fue detenido y conducido al puerto de Bergen.

La mala fortuna ¿afectaba sólo a Mary, o tal vez también a todos aquellos que de un modo u otro se relacionaban con ella, en especial, a sus maridos? No hablamos de responsabilidades ahora, sino del cúmulo de aparentes casualidades que torcieron su destino, siempre hacia el lado más trágico.

Y, casualmente, Bergen formaba parte de unas tierras que se hallaban bajo dominio de la familia de Anna Throndsen, la primera esposa de Bothwell, aquella a la que había abandonado en Flandes. Bothwell pasó de ser retenido a convertirse en prisionero en tanto los jueces estudiaban las demandas de su ya olvidada esposa; una por abandono y otra para reclamar la devolución de la dote.

Parece que los antaño amantes llegaron a un acuerdo, por el cual, a modo de compensación, Bothwell entregaba a Anna la propiedad de las naves en las que había llegado hasta aquellas tierras. Tal vez las cosas hubieran podido solucionarse entonces, pero Federico II, el rey de Dinamarca, supo que, a pesar de que la corte escocesa había absuelto a Bothwell, la reina Isabel de Inglaterra, seguía buscándolo para procesarlo por el asesinato de Lord Darnley.

No sabemos qué esperaba Federico II de su captura: podía entregárselo a la reina Isabel o devolverlo a Escocia, dependiendo de que las circunstancias fueran más o menos favorables para él, según la opción que tomara. Pero finalmente, ante la evidencia de que las opciones futuro de Mary Stuart eran cada cada vez más reducidas, Federico II decidió abandonar a Bothwell a su suerte en Dragsholm Castle, Dinamarca. Allí permaneció Bothwell, sujeto por una cadena a un pilar que, a su vez, estaba adosado a la pared, lo que sólo permitía al prisionero moverse de un lado a otro, en el semicírculo que alcanzaba el largo de la cadena, dejando, según parece, un marcado desgaste en el suelo en forma de media luna, en un interminable ir y venir sin esperanza, hasta que falleció al cabo de cinco años, sin que nadie diera respuesta a la menor reclamación, ni a favor de su entrega, ni a favor de su libertad.

La acción no parece aportar mucha dignidad a la figura del monarca danés, ya que mantuvo a Bothwell en prisión, como un as en la manga, esperando obtener los mejores beneficios de un sufrimiento, que sólo terminó con la muerte, cuando hacía ya tiempo que Bothwell había perdido la cabeza.

Dragsholm en 1896
*A pesar de que este antiguo castillo no se encuentra en Escocia,  en su patio, en ocasiones se ve a Bothwell cabalgando, aunque la mayoría de las veces, los asombrados visitantes sólo oyen un sonido de cascos cuando no hay nadie al alcance de la vista.

*

En Edimburgo, en 1829, editado por el Bannatyne Club, cuyo presidente era Sir Walter Scott, se publicó un librito titulado LES AFFAIRES DU CONTE DE BODUEL. L’an MDLXVIII.
“En las discusiones relativas al asesinato de Lord Darnley –se dice en el Prólogo-, una Declaración de Confesión del moribundo Conde de Bothwell de muy dudosa autenticidad, ha sido considerada por algunos escritores como una posible evidencia concluyente de su propia culpabilidad, así como de la inocencia de Mary – mientras que otros, consideran este documento como una fraude manifiesto y mantienen que si Bothwell murió loco, era incapaz de hacer una confesión genuina a su muerte. Gilbert Stuart, considera que la necesidad de una confesión verdadera, supone todavía una deficiencia en nuestra historia.

-Si se probara su autenticidad, la que tenemos, sería muy esclarecedora y es, de todas formas, una lectura muy interesante-.

La oscuridad -continúa el Prólogo- que envuelve los últimos años de Bothwell, excluye la esperanza de resolver este discutido punto con algún grado de certidumbre.

Que fue confinado en la prisión de Dinamarca desde 1567 hasta 1576, cuando murió en cautividad en el castillo de Malmoe, en la provincia de Estocolmo, en Suecia, que en aquel momento pertenecía a Dinamarca, son hechos sobre los cuales los historiadores están generalmente de acuerdo; pero con excepción de los vanos esfuerzos de Elizabeth y James, y de los Regentes Lennox y Murray, para inducir a Federico II a liberar al prisionero, muy poco más se sabe de su historia personal durante ese período, ni de las circunstancias relativas a su fallecimiento. […]"

En todo caso, el texto supuestamente escrito por Bothwell, empieza con las siguientes palabras:

A fin de que el Rey de Dinamarca y el Consejo de su Reino pueda mejor y más claramente conocer las maldades y traiciones de mis acusadores más abajo nombrados: Lo más brevemente que he podido, he resumido y declarado con verdad las causas de los los males que he recibido, de los cuales, sólo ellos son los autores principales y empezaron desde el año 1559 hasta hoy mismo. He declarado las calumnias y el gran daño que me han hecho y quiero y puedo mantener que todo es verdadero, como, con ayuda de Dios, cada cual podrá ver y conocer claramente.


Copenhagen, la víspera de Reyes. MDLXVIII

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Más sobre: MARY STUART:
TRES TRISTRES MATRIMONIOS Y DOS TRÁGICAS TENTATIVAS:


Primer Trágico Matrimonio:
1 http://atenas-diariodeabordo.blogspot.com.es/2012/04/tres-tristes-matrimonios-y-dos-tragicas.html


                   


sábado, 12 de mayo de 2012

KAVAFIS - Κωνσταντίνος Π. Καβάφης (3) El silencio.

Κωνσταντίνος Π. Καβάφης. El silencio.

El pasaporte griego de Kavafis

Una vida aparentemente monótona, cuya brillante trayectoria poética solo parece sostenerse sobre los cimientos de un intenso, rico y melancólico mundo interior, basado a su vez en recuerdos de lo que fue o, quizás en nostalgia de lo que no fue y que reflejan algunos de sus poemas:

–Septiembre de 1903; Diciembre de 1903 y Enero de 1904-.
 -Ο Σεπτέμβρης του 1903; Ο Δεκέμβρης του 1903; Ο Γεννάρης του 1904; en los originales de estos tres poemas, aparecen escritas las iniciales A.M.

         Ο Σεπτέμβρης του 1903 (Τα Ανέκδοτα)

         Τουλάχιστον με πλάναις ας γελιούμαι τώρα·
         την άδεια την ζωή μου να μη νοιώθω.
        
         Και ήμουνα τόσαις φοραίς τόσο κοντά,.
         Και πώς παρέλυσα, και πώς δειλίασα·
         γιατί να μείνω με κλειστά τα χείλη·
         και μέσα μου να κλαίη η άδεια μου ζωή,
         και να μαυροφορούν η επιθυμίαις μου.
        
         Τόσαις φοραίς τόσο κοντά να είμαι
         στα μάτια, και στα χείλη τα ερωτικά,
         στ' ονειρεμένο, το αγαπημένο σώμα.
         Τόσαις φοραίς τόσο κοντά να είμαι.

         SEPTIEMBRE DE 1903 (Inéditos)

         Ahora me engaño, aunque sea con ilusiones,
         para no sentir el vacío de mi vida.

         Estuve tan cerca, tantas veces.
         Pero cómo me contenía, cómo me acobardaba;
         
cómo me quedaba con la boca cerrada
         cuando dentro de mí lloraba mi vida vacía,
         y ponía luto en mis deseos.

         Estuve tan cerca, tantas veces
         del esos ojos, de esos labios amados,
         del soñado, del amado cuerpo.
         Estuve tan cerca, tantas veces.


         Ο Δεκέμβρης του 1903 (Τα Ανέκδοτα)
         Κι' αν για τον έρωτά μου δεν μπορώ να πω –
         αν δεν μιλώ για τα μαλλιά σου, για τα χείλη, για τα μάτια·
         όμως το πρόσωπό σου που κρατώ μες στην ψυχή μου,
         ο ήχος της φωνής σου που κρατώ μες στο μυαλό μου,
         η μέραις του Σεπτέμβρη που ανατέλλουν στα όνειρά μου,
         ταις λέξεις και ταις φράσεις μου πλάττουν και χρωματίζουν
         εις όποιο θέμα κι' αν περνώ, όποιαν ιδέα κι' αν λέγω.

         DICIEMBRE DE 1903 (Inéditos)

         Aunque no puedo hablar de mi amor-
         ni de tu pelo, ni de tus labios, ni de tus ojos;
         aún así, tu rostro, que guardo en mi alma,
         el tono de tu voz, que conservo en mi mente,
         los días de septiembre que renacen en mis sueños,
         ensanchan mis palabras y mis frases, las llenan de colores,
         cualquiera que sea el tema que adopte, cualquiera que se la idea que exprese.


         Ο Γεννάρης του 1904 (Τα Ανέκδοτα)

         Α η νύχταις του Γεννάρη αυτουνού,
         που κάθομαι και ξαναπλάττω με τον νου
         εκείναις ταις στιγμαίς και σ' ανταμόνω,
         κι' ακούω τα λόγια μας τα τελευταία κι' ακούω τα πρώτα.

         Απελπισμέναις νύχταις του Γεννάρη αυτουνού,
         σαν φεύγ' η οπτασία και μ' αφίνει μόνο.
         Πώς φεύγει και διαλύεται βιαστική –
         πάνε τα δένδρα, πάνε οι δρόμοι, παν τα σπίτια, παν τα φώτα·
         σβύνει και χάνετ' η μορφή σου η ερωτική.

         ENERO DE 1904 (Inéditos)
        
         Ah, las noches de este enero
         que guardo y recreo en la mente,
         aquellos instantes; te encuentro,
         y oigo nuestras últimas palabras, y oigo las primeras.

         Noches sin esperanza de este enero,
         cuando huye la ilusión y me deja sólo.
         Cómo se va y se desvanece rápidamente-
         desaparecen los árboles, desaparecen los caminos,
         desaparecen las casas, desaparecen las luces;
         se apaga y desaparece tu rostro amado.


A pesar de que Kavafis organizaba habitualmente tertulias en su casa –se dice que era un excelente conversador y que ofrecía a sus invitados el mejor whisky-su imagen sigue pareciendo la de un hombre solitario, sometido a los prejucios y preso en el interior de aquellos muros, invisibles, pero infranqueables. La realidad es que apenas se le conoce algún amigo y no sabemos si estuvo enamorado más allá de los territorios de la musa de la inspiración poética.

Dada, asimismo, su actitud con respecto a su propia obra, muy pocos pudieron conocerla en vida del poeta. Aún así, la poesía le granjeó, si no muchos, sí grandes amigos y admiradores, entre los cuales destacaríamos a E. M. Forster –autor de Pasaje a la India; Howard’s End o, A Room with a View-, cuya amistad se mantuvo a lo largo de dos decenios y que dio a conocer la poesía de Kavafis en Inglaterra.

Después, figuras literarias como T.S. Eliot, T.E. Lawrence, o Arnold Toynbee, no dudaron en reconocer y dar a conocer las extraordinarias cualidades del alejandrino -se dice, incluso, que el poema Esperando a los Bárbaros -Περιμένοντας τους Βαρβάρους-, uno de los más conocidos y mejores, se convirtió en frase hecha en Inglaterra, para definir ciertas actitudes sociales-, pero en Grecia, Kavafis fue prácticamente desconocido hasta que en 1903 Grigori Xenopoulos reveló su existencia a través de un artículo periodístico.


Περιμένοντας τους Βαρβάρους (Αναγνωρισμένα)

-Τι περιμένουμε στην αγορά συναθροισμένοι;
Είναι οι βάρβαροι να φθάσουν σήμερα.

-Γιατί μέσα στην Σύγκλητο μιά τέτοια απραξία;
Τι κάθοντ' οι Συγκλητικοί και δεν νομοθετούνε;

-Γιατί οι βάρβαροι θα φθάσουν σήμερα.
Τι νόμους πια θα κάμουν οι Συγκλητικοί;
Οι βάρβαροι σαν έλθουν θα νομοθετήσουν.

-Γιατί ο αυτοκράτωρ μας τόσο πρωί σηκώθη,
και κάθεται στης πόλεως την πιο μεγάλη πύλη
στον θρόνο επάνω, επίσημος, φορώντας την κορώνα;

-Γιατί οι βάρβαροι θα φθάσουν σήμερα.
Κι ο αυτοκράτωρ περιμένει να δεχθεί

τον αρχηγό τους. Μάλιστα ετοίμασε
για να τον δώσει μια περγαμηνή. Εκεί
τον έγραψε τίτλους πολλούς κι ονόματα.

-Γιατί οι δυό μας ύπατοι κ' οι πραίτορες εβγήκαν
σήμερα με τες κόκκινες, τες κεντημένες τόγες·
γιατί βραχιόλια φόρεσαν με τόσους αμεθύστους,
και δαχτυλίδια με λαμπρά γυαλιστερά σμαράγδια·
γιατί να πιάσουν σήμερα πολύτιμα μπαστούνια
μ' ασήμια και μαλάματα έκτακτα σκαλισμένα;

Γιατί οι βάρβαροι θα φθάσουν σήμερα·
και τέτοια πράγματα θαμπόνουν τους βαρβάρους.

-Γιατί κ' οι άξιοι ρήτορες δεν έρχονται σαν πάντα
να βγάλουνε τους λόγους τους, να πούνε τα δικά τους;
Γιατί οι βάρβαροι θα φθάσουν σήμερα·
κι αυτοί βαριούντ' ευφράδειες και δημηγορίες.

-Γιατί ν' αρχίσει μονομιάς αυτή η ανησυχία
κ' η σύγχυσις. (Τα πρόσωπα τι σοβαρά που έγιναν).
Γιατί αδειάζουν γρήγορα οι δρόμοι κ' οι πλατέες,

κι όλοι γυρνούν στα σπίτια τους πολύ συλλογισμένοι;

Γιατί ενύχτωσε κ' οι βάρβαροι δεν ήλθαν.
Και μερικοί έφθασαν απ' τα σύνορα,
και είπανε πως βάρβαροι πια δεν υπάρχουν.

Και τώρα τι θα γένουμε χωρίς βαρβάρους.
Οι άνθρωποι αυτοί ήσαν μιά κάποια λύσις.

Esperando a los Bárbaros (Reconocidos)

—¿Qué esperamos reunidos en el ágora?
A los bárbaros que llegan hoy.


—¿Por qué esta inactividad en el Senado?
¿Por qué están ahí sentados y no legislan?


Porque los bárbaros llegarán hoy.
¿Qué leyes van a hacer los Senadores?
Cuando lleguen, los bárbaros legislarán.


—¿Por qué nuestro emperador madrugó tanto
y sentado, junto a la gran puerta,
en su trono, tan solemne lleva la corona?


-Porque los bárbaros llegarán hoy
y el emperador espera recibir
a su dirigente. Incluso preparó,
para darles, un pergamino. Allí
les escribió muchos títulos y nombres.


—¿Por qué nuestros dos cónsules y pretores salieron hoy
con las togas rojas, con las togas bordadas
y por qué llevan brazaletes con tantas amatistas
y anillos con luminosas esmeraldas;
por qué empuñan hoy ricos báculos
en oro y plata magníficamente tallados?


Porque los bárbaros llegarán hoy
y esas cosas deslumbran a los bárbaros.


—¿Por qué los ilustres oradores no acuden, como siempre,
a soltar sus discursos y decir sus cosas?
Porque los bárbaros llegarán hoy
y a ellos les aburre la oratoria y los discursos.


—¿Por qué empieza de pronto este desorden y confusión?
(¡Qué graves se han vuelto los rostros!)
¿Por qué se vacían tan deprisa calles y plazas,
y todos vuelven a su casa tan pensativos?


Porque anocheció y los bárbaros no llegaron.
Han venido algunos de las fronteras
y dicen que los bárbaros no existen.


¿Y ahora, qué será de nosotros sin bárbaros?
Esas gentes, eran como una solución.


Lo cierto es que la popularidad o el prestigio literario no parecían despertar el menor interés en el poeta; cualesquiera que fueran sus motivos, ni un solo ejemplar de su poesía salió a la venta durante su vida.

Se jubiló en 1922 y siguió viviendo en Alejandría, al parecer con cierta holgura, gracias a sus conocimientos financieros que le ayudaban a mejorar la pensión correspondiente a su último puesto de Ayudante de Director de la Oficina de Riegos.

Vivió once años más, hasta el día de su septuagésimo cumpleaños. Su único amigo íntimo, no se sabe desde cuando, fue Alexander Singopoulos, que estaba casado cuando Kavafis murió y a quien el poeta designó heredero y albacea de su obra.

Muy poco antes de irse para siempre, el poeta dibujó un círculo con un trazo en su interior, cuyo significado sigue siendo incomprensible y, en cierto modo esotérico – Κρυμμένα-; tal vez, la expresión sintética de algo que, según él mismo creía, resultaría más evidente en un futuro.

            Κρυμμένα (Τα Ανέκδοτα)

            Απ' όσα έκαμα κι απ' όσα είπα
            να μη ζητήσουνε να βρουν ποιος ήμουν.
            Εμπόδιο στέκονταν και μεταμόρφωνε
            τες πράξεις και τον τρόπο της ζωής μου.
            Εμπόδιο στέκονταν και σταματούσε με
            πολλές φορές που πήγαινα να πω.
            Η πιο απαρατήρητές μου πράξεις
            και τα γραψίματά μου τα πιο σκεπασμένα –
            από εκεί μονάχα θα με νοιώσουν.
            Αλλά ίσως δεν αξίζει να καταβληθεί
            τόση φροντίς και τόσος κόπος να με μάθουν.
            Κατόπι -στην τελειωτέρα κοινωνία-
            κανένας άλλος καμωμένος σαν εμένα
            βέβαια θα φανεί κ' ελεύθερα θα κάμει.

            SECRETOS (Inéditos)
           
            De todo lo que he hecho y de todo lo que he dicho,
            no intentéis descubrir quién fui.
            Había un obstáculo que deformaba
            los hechos y mi forma de vivir.
            Siempre hubo un obstáculo
            que me detenía cuando empezaba a hablar.
            Por mis actos más desconocidos,
            por mis escritos más velados-
            sólo por eso me comprenderán.
            Pero igual no vale la pena intentarlo,
            ni tanto esfuerzo para descubrir quién soy en realidad.
            Algún día, en una sociedad más perfecta
            algún otro actuará como yo,
            ciertamente aparecerá y actuará con libertad.

Fue un 29 de abril, el mismo día en que había nacido. Dos años después, en 1935 apareció la primera edición de su obra poética.

Sus restos permanecen en el cementerio ortodoxo de Alejandría, junto a los de sus hermanos Heleni y Petros.

Yorgos Seferis dijo que Kavafis no existe más que en sus versos y es bien cierto; en realidad, su obra es su verdadera biografía.

Indicador de la casa de Kavafis en Alejandría, convertida en museo.

La Calle Kavafis.

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Más de Kavafis en este Blog:

Κωνσταντίνος Π. Καβάφης (1) 
Un poeta solitario. 


Κωνσταντίνος Π. Καβάφης (2) LA CIUDAD

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