viernes, 8 de diciembre de 2017

Shakespeare • Sonetos 1-10


Los Sonetos – Sonnets, de Shakespeare. Ed. 1609

Se trata de un conjunto de 154 poemas que tratan de diversos temas de carácter universal, como el amor, la belleza, la política o la muerte.

No se sabe exactamente cuando fueron escritos estos sonetos que se publicaron en 1609, es decir, cuando aún vivía el que suponemos su autor, que fallecería en 1616.

En esta edición no aparecían los Sonetos 1 y 2.

Además, el soneto 138: When my love swears that she is made of truth
Cuando mi amor jura que está hecho de verdades,

y el 144: Two loves have I, of comfort and despair
Dos amores tengo, para consuelo y desesperación,

ya habían sido publicados en una colección antológica de 1599 titulada, The Passionate Pilgrim – El peregrino apasionado.


Y hasta aquí, prácticamente todo lo que sabemos de esta obra con seguridad, porque en todo lo demás, los Sonetos siguen siendo una fuente de incógnitas y dudas, incluido el nombre de su verdadero inspirador; ya que la dedicatoria que aparece al principio de los mismos, sólo contribuyó a crear más incertidumbre, pues en ella, el llamado “T.T.”, asegura que ese inspirador –quizás autor–, era “W.H.” 

Aparece en la portada de la edición un nombre, que prácticamente se corresponde con el de Shakespeare, pero con una curiosa variante en la forma de escribirlo: “Shakes–Speares”,  –El que agita lanzas–. (Porque no cabe traducirlo como “El que lanza lanzas”).

La colección aparecía en la edición conocida como Quarto, de 1609 y su dedicatoria,  aportando nuevas incógnitas, en vez de resolverlas, es como sigue, :


Sólo aquí, ya tenemos tres posibles personajes:

A) El Único Inspirador: W.H.
B) El Inmortal poeta; que promete la eternidad.
C) El que se aventura a publicar los sonetos y desea que se cumplan en W.H. las promesas del Poeta.

Primera pregunta: “W.H.” ¿es el “inspirador” de los sonetos, o de su edición?

El inspirador, W.H. no es el mismo personaje que el poeta; no parece lógico que el autor se refiera a sí mismo como “nuestro inmortal poeta”, pero sí le convendría la frase, si es el editor quien la ha escrito. En todo caso, este llamado “inspirador” sería “W.H.” y no “W.S.”, iniciales que sí se corresponderían con las de William Shakespeare. Se dice que puede ser un error de imprenta, en la mismísima portada y que no pudo ser corregido. ¿Se trata de un personaje más en esta bella fiesta de la ambigüedad y el malentendido? ¿O es más bien un sobreentendido?

Sabemos tan poco de este poemario, como, en realidad, del propio Shakespeare, excepto que sus versos son hermosos, y como esta última apreciación es exclusiva de la percepción de cada lector, nadie puede discutirla.

Al pie de la portada:

AT LONDON/By G. Eld for T.T. and are/to be solde by William Apsley

Las iniciales «T.T.» se corresponden con las de Thomas Thorpe, el editor, pero, aunque lo parezca, tampoco es completamente seguro que él fuera el autor de la dedicatoria, cuya presentación parece emular las inscripciones de las antiguas lápidas, en consonancia con la apreciación del que escribe, en el sentido de que asegura que los versos que contiene el libro, perdurarán –en esto fue certero–, como los grandes monumentos.

Soneto 55:

         Not marble, nor the gilded monuments
         Of princes shall outlive this pow'rful rhyme.

         Ni el mármol, ni los dorados monumentos 
         de príncipes, sobrevivirán a estas poderosas rimas.

El “Fair Lord” al que se refieren los sonetos, en ocasiones, también llamado “Fair Youth”, que también podría ser el posible señor “W.H”, ha sido identificado en diversos personajes de la época, con mayor o menor acierto, aunque ninguno ha podido ser propuesto sin sombra de duda. 

En este sentido, no está de más insistir en el hecho de que “fair” puede tener muchos más significados que el de hermoso o bello, así, también podría significar, agradable, amable, ecuánime, bueno, y, hasta rubio. El mismo término, vale para el masculino y el femenino y puede y suele ser empleado de manera formularia, especialmente si es referido a un aristócrata por parte de otro que no lo es.

William Herbert, III Conde de Pembroke

William Herbert III Conde of Pembroke, 1580-1630, patrón de Shakespeare
Retratos de Daniel Mytens

Es considerado por muchos críticos como el principal candidato, atendiendo a la coincidencia de que también está dedicada a él la famosa edición First Folio de las obras de Shakespeare.
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Henry Wriothesley, Conde de Southampton

Henry Wriothesley, Tercer Conde de Southampton: retratado adolescente y a los 21 años, ambos atribuidos a John de Kritz. 

El primer retrato se exhibe en Hatchlands Park, en Surrey, Inglaterra, y de acuerdo con la guía publicada por Cobbe Collection Trust y National Trust, en algún momento se pensó erróneamente que se trataba del retrato de una mujer. 

         A woman's face with nature's own hand painted. / Hast thou,
         Un rostro de mujer, pintada por su mano, la naturaleza / te dio.
Soneto XX

Henry Wriothesley, 1573-1603. En el ángulo superior derecho de la pintura aparece la Torre de Londres –donde estaba preso como sospechoso de complot contra la reina-, sobre el texto: In vinculis invictus –encadenado invicto–. Su escudo aparece en la portada del libro, junto al gato. Atribuido a John de Kritz y fechado entre abril y junio de 1603

Tiene las iniciales W.H. aunque cambiando el orden, y Shakespeare le había dedicado los poemas Venus & Adonis y La Violación de Lucrecia. Su atractivo era tema frecuente de conversación.

Dedicatoria de Shakespeare a Southampton, en The Rape of Lucrece, 1594

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Sir William Hervey

Sir William Hervey. From the Anglo-Dutch School c.1620/30

Padrastro de Southampton: La teoría referida a este personaje, sostiene que el fair youth y W.H. son personas distintas, y que Hervey sería el inspirador de los sonetos en el sentido de que fue él quien se los proporcionó al editor.

Otros candidatos: 

-WH sería el mismo Shakespeare, como William [Shakespeare] Himself
-William Hall, el responsable de la edición de los Sonetos, que solía firmar WH.
-Willie Hughes: Oscar Wilde, en The Portrait of Mr. W.H., propuso a este joven y fascinante actor que solía interpretar papeles femeninos en las obras de Shakespeare. 
-William Haughton, un dramaturgo contemporáneo.

Finalmente, y ya puestos a buscar juegos de palabras en los que encajar la iniciales, tuvo cierta fortuna la idea de Colin Burrow –Oxford University Press–, que dijo que WH equivaldría sencillamente a la expresión “Who He", planteada como una especie de adivinanza; ¿Quién es?, con la que el editor contribuiría a aumentar el éxito de la obra, despertando el interés por resolver las múltiples dudas que plantea, como hemos visto, ya desde la portada.

En cualquier caso, todo apunta a que Shakespeare seguirá siendo un desconocido, del que, aparte de unos pocos datos extraídos de documentos legales, como el registro de matrimonio o el testamento, lo único que conocemos es la valiosa obra que se le atribuye. Personalmente, creo que cuando esto ocurre, es porque el escritor así lo ha querido y, sin duda tendría razones de peso para hacerlo, ya fuera una ocurrencia caprichosa o, tal vez, la necesidad imperiosa de mantener el anonimato.
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Los primeros 17 sonetos se refieren a ese joven, tan apuesto, “Fair Lord”, al que la voz lírica aconseja que tenga hijos para que su belleza no se pierda. Son conocidos como procreation sonnets –sonetos de la procreación–.

Los sonetos 18 al 126 se dirigen también a un joven, pero ahora expresando el amor que siente por él quien escribe, al cual conocemos como, la Voz Lírica.

Desde el 127 hasta el 152 están dirigidos a una amante de esa voz lírica; son poemas de amor, en los que a veces surgen asuntos como la infidelidad o el deseo sexual.

Los dos últimos; 153 y 154, son poemas alegóricos.

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Cada soneto se compone de catorce versos repartidos en cuatro estrofas; tres cuartetos y un pareado, forma que ha pasado a denominarse genéricamente, Soneto Shakespeariano, así como los de Garcilaso, con la estructura de dos cuartetos y dos tercetos, son a su vez modelo para los autores del Siglo de Oro Español; sólo es necesario recordar los ejemplos proporcionados por Cervantes –¡Voto a Dios que me espanta esta grandeza…– (ejemplo con estrambote); Quevedo –Cerrar podrá mis ojos la postrera…–, o Lope, –Desmayarse, atreverse, estar furioso…–, etc.

Cuatro personajes se dibujan claramente en el conjunto de esta colección de Sonnets; el guapo joven; el poeta rival, la dama oscura; Fair Youth, Rival Poet, Dark Lady, mientras que la denominada Voz Lírica –el etéreo e inalcanzable creador de los poemas–, sería el cuarto personaje, pero no por ello, el último, sino más bien, el protagonista que crea y amalgama a todos los demás en su visión poética; si esta es real o imaginaria, ya es lo de menos–; es poesía.

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Las traducciones que siguen, son estrictamente personales y no tienen más peso que el que cada lector quiera otorgarles. En ellas desaparece la rima por completo, ya que creo que buscar la rima en una traducción es un esfuerzo inútil y que además falsea el contenido ante la necesidad de establecerla. Son pues, lo más literales que me ha sido posible hacerlas, atendiendo, casi exclusivamente, a su sentido; es decir, al sentido que yo creo haber hallado en los versos y que puede ser sin duda múltiple. Si el resultado es el reverso del tapiz del que habla Cervantes, me conformo con la posibilidad de que, partiendo de un bordado muy bien hecho, se aprecien sus figuras con cierta claridad. Shakespeare es un poeta difícil y, sin referirme a su calidad literaria, las traducciones que he leído hasta el presente, no han terminado de convencerme, pues en ellas no he podido, o no he sabido, ver esa imagen, siquiera borrosa, que personalmente, pueda identificar con la que en mi imaginación corresponde al misterioso William Shakespeare.

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SONETOS
de William Shakespeare

1
Deseamos el aumento de las más bellas criaturas
para que la rosa de la belleza nunca muera.
Para que cuando al mayor le llegue el tiempo de morir,
Sus tiernos herederos puedan conservar su memoria.

Pero tú, comprometido sólo con el brillo de tus ojos
alimentas la llama luminosa con tu propio combustible
provocando carencia donde reinaba la abundancia.
Eres tu propio enemigo, y con tu misma dulzura, demasiado cruel:

Tú, cuyo arte es ahora nuevo adorno del mundo
y eres el único heraldo de la alegre primavera,
dentro de tu propia semilla entierras tu contento,
y dulce avaro, te desperdicias por tu egoísmo.

Piedad para el mundo, pues por tu avidez,
tu tumba y tú, devoraréis lo que se le debe.

2
Cuando cuarenta inviernos asedien tu frente,
y caven profundos surcos en el campo de tu belleza,
tu joven y orgullosa juventud, hoy tan admirada,
será un traje gastado y de escaso valor:

Si te preguntan entonces ¿dónde quedó toda esa belleza?
¿Dónde el tesoro de tus días vigorosos?
Decir que en el fondo de tus ojos naufragados
Será una amarga venganza y un halago sin sentido.

Cuántos más halagos merecía el empleo de tu belleza,
si pudieras contestar: -Este hermoso hijo mío
saldará mi cuenta y será la excusa de mi vejez-,
probando con su belleza tu propia herencia.

Sería como si renacieras con el paso del tiempo
y templaría tu sangre cuando sintieras su frío.



3
Mira al espejo y di a la cara que ves,
Que es hora de que esa cara pueda crear otra.
Porque si ahora no la renuevas
engañarás al mundo, sin bendecirlo con una madre.

Porque ¿dónde está la hermosa cuyo seno estéril
desdeñaría el trabajo de tu matrimonial cultivo?
O ¿quién es tan loco que desea ser la tumba
del amor de sí mismo, evitando su posteridad?

Tú mismo eres el espejo de tu madre;
le recuerdas el amoroso abril de su primavera. 
Así tú, a través de las ventanas del tiempo, verás,
a pesar de las arrugas, tu edad de oro.

Pero si vives para no ser recordado
Muere solo y que tu imagen muera contigo.

4
Belleza despreocupada ¿por qué gastas
en ti misma la herencia de tu encanto?
La naturaleza no da nada; sólo presta,
y aun siendo franca sólo presta a aquellos que son libres:

Avaro de la belleza, ¿por qué abusas
del regalo que te ha hecho para que lo dieras a otros?
Usurero sin provecho ¿cómo gastas
tan grande suma de sumas, sin vivirla?

Por compartirte sólo contigo mismo;
a tu propio y dulce ser confundes.
Así, cuando la naturaleza te llame de vuelta
¿qué resultado aceptable podrás dejar?

Tu inútil belleza será enterrada contigo.
Pero si la hubieras usado, sería tu herencia.



5
Las horas que con gentil trabajo dieron forma
a esa bella mirada que atrae todos los ojos
harán contigo el papel de un tirano
y destruirán aquello que en belleza excedía.

Porque el tiempo no se detiene nunca; lleva al verano
hasta el odioso invierno y allí lo confunde:
La savia se detiene con la helada y caen las hojas verdes.
La belleza se cubre de nieve, reina la esterilidad.

Y entonces, si la esencia del verano no permanece 
como un líquido prisionero entre muros de cristal
el efecto de la belleza desaparecerá con la belleza.
Ya no existirá y no quedará ni un recuerdo de lo que fue

Pero las flores destiladas, aunque el invierno las ataque
sólo pierden el brillo exterior y su dulce sustancia permanece.

6
No dejes que la arrugada mano del invierno desfigure
en ti el verano antes de que destiles
tu perfume en algún frasco y guardes en cualquier sitio,
el tesoro de tu belleza antes de suicidarte.

No está prohibida la usura.
Al prestar tesoros que dan felicidad;
a los que voluntariamente pagan sus deudas,
pues diez veces más feliz será, diez por uno.

Diez veces serías más feliz de lo que eres
si diez veces de esas diez te rehicieras:
Y entonces ¿qué podría hacer la muerte si te fueras
dejándote vivir en tu posteridad?

No seas obstinado por ser demasiado justo.
Serás conquista de la muerte, que destruirá tu herencia.



7
Mira hacia Oriente cuando la graciosa luz
levanta su luminosa cabeza, ante la cual los ojos
rinden homenaje a su nueva aparición, alabando
con sus miradas tan sagrada majestad.

Pero cuando supera la pendiente escarpada de la colina celeste
parecida a un fuerte joven en su mediana edad,
todavía la mirada de los mortales adora su belleza
siguiendo su dorada peregrinación.

Pero cuando llega a su cima, el fatigado carro,
como en edad ya débil resiste el día.
Los ojos, (hasta entonces fieles) ahora abandonan
su lento discurrir y miran en otra dirección.

Así tú, ahora que avanzas hacia tu mediodía,
morirás ignorado, a menos que hayas tenido un hijo

8
Es música escucharte, ¿por qué la escuchas tú con tal tristeza?
La dulzura no ataca a la dulzura y la alegría se complace en la alegría
¿Por qué amas lo que recibes sin agrado,
y recibes con placer lo que más te importuna?

Si la verdadera concordia de armoniosos sonidos,
unidos en feliz matrimonio, ofende tu oído,
es que te riñen suavemente, porque confundes
en tu soledad, las partes que debías cantar.

Observa cómo una cuerda dulcemente unida a otra
vibran mutuamente en recíproca armonía,
como padre, hijo y feliz madre
que, juntos cantan con placer la misma nota.

Su canto sin palabras, siendo muchos, parece uno.
Pero cantarte a ti, si estás sólo, no significas nada.



9
¿Es por temor a humedecer los ojos de una viuda
por lo que te consumes en una vida solitaria?
¡Ay, si mueres sin descendencia,
el mundo te llorará como a mujer sin esposo,

El mundo será tu viuda y se lamentará.
Porque no dejas a tu espalda una imagen de ti mismo,
cuando cualquier viuda puede conservar
en los ojos de un hijo, la imagen de su esposo:

Mira, lo que un pródigo despilfarra en este mundo
cambia de mano y el mundo lo disfruta.
Pero la belleza que no se comparte
al que la posee lo destruye.

No guarda ningún amor hacia otros
el que comete tan vergonzoso crimen contra sí mismo.

10
Confiesa, sólo por vergüenza, que no amas a nadie,
pues eres descuidado para ti mismo.
Admito, si quieres, que eres amado por muchos,
pero eso hace más evidente que tú no amas a nadie:

Porque estás poseído de un odio tan criminal
que no dudas en conspirar contra ti mismo,
y quieres arruinar el dulce techo
que deberías cuidar como tu mayor deseo.

Oh! cambia de idea para que yo cambie de opinión!
¿Cuidarás al odio mejor que el gentil amor?
Sé como tu presencia, gracioso y agradable.
O hacia ti mismo al menos muestra buen corazón,

Haz de ti otro tú mismo, por amor a mí,
Para que tu belleza permanezca en alguien tuyo.


Shakespeare, retrato Chandos


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