sábado, 8 de septiembre de 2012

Franz Liszt - Liszt Ferenc

1858
Franz Liszt - Liszt Ferenc
Hungría 1811-Alemania 1886


Se diría que la historia de Franz Liszt, en cualquiera de sus aspectos fundamentales, se desarrolla en series de tríos, sobre un esquema que, a la vez, se correspondería con tres ejes fundamentales de su existencia, cuyo orden es difícil de establecer, posiblemente porque cada uno interactúa poderosamente sobre los otros dos: se trata de la Música, la Religión y el Amor.

En primer lugar, estamos hablando de un genial compositor, transcriptor y pianista virtuoso; tres facultades distintas e interdependientes, entre las cuales tampoco es fácil definir una precedencia. En segundo lugar, este compositor quería ser sacerdote y, de hecho, llegó a recibir Órdenes Menores. En tercer lugar, este genial intérprete y hombre religioso, amó a muchas mujeres, entre las que, sin embargo, destacarían, exactamente, tres, como veremos.

Su padre, Adam Liszt, que era segundo violoncello en la orquesta de la Casa Esterházy, descubrió que Franz, siendo muy pequeño, podía memorizar piezas musicales complejas con increíble facilidad, por lo que decidió enseñarle a tocar el piano. Antes de completar el segundo año de aprendizaje, Franz Liszt ya interpretaba correctamente obras de Brahms, Mozart y Beethoven. El segundo paso, pues, fue llevarle a Viena, donde pudo asistir a las clases de piano de Carl Czerny y aprendió composición con Antonio Salieri.

A los once años, ofrecía su primer concierto, que constituyó un resonante éxito, ante el cual, su padre, pensó que debía viajar a París para completar su formación en la Escuela Real de Música, donde, sin embargo, no fue admitido a causa de su condición de extranjero. La necesidad de obtener fondos, llevó a Adam Liszt a organizarle numerosos conciertos en aquella ciudad, a través de los cuales, obtuvo una enorme popularidad y pudo reanudar sus clases de composición con los mejores maestros del momento.

Animado por el éxito, Liszt –seguramente, por indicación paterna-, se lanza a componer personalmente y escribe una ópera: Don Sancho o el Castillo del amor, una obra prematura, que no alcanzó más que una tibia acogida. El padre organiza entonces una serie de giras por Inglaterra y Francia, con las que llegó a hacer incluso una pequeña fortuna.



En el verano de 1827 Franz cayó enfermo teniendo que ser ingresado en un balneario francés, donde pronto recuperó la salud, pero entonces fue su padre quien enfermó inesperadamente, falleciendo al poco tiempo. Franz Liszt tenía apenas dieciséis años, y ya había conocido el éxito, pero a causa de las constantes giras había abandonado el aprendizaje musical y,  por supuesto, nunca frecuentó un colegio.

Abandonó entonces su carrera de niño prodigio aunque permaneció en París, donde hizo amistad con tres escritores: George SandHonoré de Balzac y Alfred de Musset, y con tres músicos: Héctor Berlioz, Frederick Chopin y, sobre todo, Nicollò Paganini. Tras asistir a un concierto del increíble violinista en marzo de 1832, Liszt sintió más que nunca la necesidad de volcar su alma en el piano, de la misma manera que Paganini lo hacía con el violín.


Mi espíritu y mis dedos trabajan como dos condenados; Homero, la Biblia, Platón, Locke, Byron, Hugo, Lamartine, Chateaubriend Beethoven, Bach, Hummel, Mozart, Weber… todos están a mi alrededor. Los estudio, los medito, los devoro con furor y, además trabajo cuatro o cinco horas haciendo ejercicios.  Ah! Si no me vuelvo loco, encontraré un artista en mi. Sí, un artista como hay que serlo hoy. «Yo también soy pintor», exclamó Miguel Ángel la primera vez que vio una obra maestra. Aunque pequeño y pobre, tu amigo no deja de repetir las palabras de aquel gran hombre desde el último concierto de Paganini.

-Mi padre temía -escribió Liszt años después- que las mujeres complicarían mi existencia y me dominarían-. En 1828, sólo en París, optó por dar clases de música para ganarse la vida; pero apenas había pasado un año desde la muerte de su padre, cuando surgió una relación especial con una de sus alumnas –Caroline de Saint-Cric-, que algunos biógrafos consideran platónica, mientras otros creen que incluso tuvieron un hijo y que ese hijo sería Charles d’Avila. Real o imaginaria esta paternidad, el supuesto hijo fue un interesante personaje que conoció los rumores sobre su nacimiento, pero nunca declaró nada al respecto.

Caroline se casaría finalmente con el Conde d’Artigaux y Liszt, abandonado, se hundió en su primera crisis conocida de carácter místico. Yo sólo seguía con sencillez y sinceridad de corazón, la antigua inclinación católica de mi juventud. Si no hubiera sido contrariado en su primer fervor por mi buenísima madre y mi confesor, el Abad Bardin, me habría llevado al seminario en 1830 y más tarde al sacerdocio… El Abad Bardin, gran amante de la música, tuvo quizás demasiado en cuenta mi pequeña celebridad precoz y me aconsejó servir a Dios y a la Iglesia en mi profesión de artista.

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Charles d'Avila o Carol Davila, nació en 1828 en Parma. De origen italofrancés, a los cuarenta años adoptó la nacionalidad rumana. Considerado hijo de Liszt y Saint-Cricq, fue adoptado por la familia D’Avila y educado en Parma, estudio Farmacia y Medicina en París, donde se doctoró en 1853. Terminados los estudios, aceptó un trabajo como profesor de Química y Biología en la Universidad de Bucarest, ciudad en la que permanecería el resto de su vida, tomando la nacionalidad rumana.
Reorganizó y modernizó los servicios médicos en hospitales y asilos del país. En 1869 se inauguraba en Bucarest una Facultad de Medicina, también creada por él, que instauró asimismo la obligatoriedad de realizar un internado para obtener el título universitario en Medicina, a partir del cual los titulados, sólo podrían acceder a sus destinos a través de concursos. Creó también un jardín botánico y medicinal en Bucarest.
Abandonaba frecuentemente la capital para combatir personalmente diversas epidemias en el campo, organizando una especie de cursos ambulantes en los cuales enseñaba principios de higiene, como el uso aséptico del agua, la lucha contra los parásitos y la separación entre las personas y los animales en las viviendas.
En 1870, durante la guerra entre Francia y Prusia, Davila organizó un servicio de ambulancias en el que colaboraron los estudiantes rumanos de Medicina de la Sorbona. También patrocinó al  poeta Alecsandri quien, por su parte, fundó numerosas escuelas para alfabetizar a la población campesina.
Entre 1977-78, durante la guerra de Rusia y Rumanía frente a Turquía, organizó de nuevo servicios de ambulancias, trenes sanitarios, barcos hospital, etc. a través de los cuales atendió y salvó la vida a más de trece mil soldados, cualquiera que fuera su nacionalidad, incluidos los del ejército turco; Rusia, Rumanía, Bulgaria y Turquía reconocieron y premiaron su labor al terminar la guerra.
Paradójicamente, Davila no disfrutó nunca de buena salud, lo que, al parecer de sus biógrafos no hizo sino aumentar su sensibilidad  al sufrimiento, especialmente, de los más indefensos y expuestos : huérfanos, sin-techo, presos, soldados en combate, etc. promoviendo siempre el seguimiento de normas básicas de higiene y una alimentación equilibrada, con condiciones dignas de vida.
Se dice que se enfurecía sin contención, cuando oía decir que aquel tipo de necesidades no tenía solución y nunca cambiaría y contra los que no mostraban interés por buscar remedios a la miseria en cualquiera de sus aspectos.
Carlos I Hohenzollern escribió en su diario: Davila está siempre donde le necesitan, día y noche, pero sus colegas no le perdonan, quizá porque le envidian, su difícil carácter y su extrema distinción, su fenomenal erudición y su talento de orador.
Viudo, con cuatro hijos, Davila trabajó hasta el último día de su vida, el 24 de agosto de 1884, en Bucarest. Por otra parte y, a modo de curiosidad: Davila pertenecía a una Logia llamada Steaua Dunării, L'Étoile du Danube -reconstruida en París, en 1990-, a la que también pertenecía el rey de Rumanía y que coincide con la apreciación de muchos biógrafos, de que Liszt, también fue francmasón -.-farmazon, en rumano-.


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En 1833 Liszt iniciaba su relación –casi en partes iguales, escandalosa, breve y tormentosa-, con la Condesa Marie d’Agoult; casada, a quien ya conocemos [1]. Se escaparon, literalmente, a Suiza, donde pasaron un breve período de ensueño: Nadie sabía nuestro nombre. Casi todos, al vernos tan parecidos nos tomaban por hermanos y eso nos encantaba; un error así, ¿no demostraba, mejor que cualquier otra cosa, las secretas afinidades que tan fuertemente nos habían atraído el uno al otro? –Escribió Marie d’Agoult al principio de un proceso que, en pocas semanas, había cambiado radicalmente: Me sorprende a veces, verle tan constantemente alegre, tan feliz, a pesar de la absoluta soledad en que vivimos.

Con Marie tuvo el músico tres hijos: Blandine; Cósima, a quien también conocemos [1] por su convivencia y matrimonio con Richard Wagner, y Daniel, que falleció a los veinte años.

A causa del patente adulterio, Liszt se vio privado de los sacramentos, algo que, al parecer, era muy inquietante para su conciencia: Después de haberme visto privado dolorosamente durante más de treinta años, desde 1830 a 1860, del sacramento de la penitencia, con plena convicción volví a recuperarlo y pude decir a mi confesor, nuestro cura Hohmann de Weimar: -Mi vida no ha sido más que una larga divagación del sentimiento del amor, y añado: singularmente conducido por la música –un arte divino y satánico a la vez- que más que ninguna otra cosa, nos induce a la tentación.

En Kiev, en 1847, conoce a la princesa rusa Carolyne Sayn-Wittgenstein de la que se enamora inmediatamente y de la que parece recibió una influencia favorable para su vida y su carrera, que Carolyne le aconsejaría orientar definitivamente hacia la composición. No pudieron casarse, pero compartieron experiencias místicas y su relación fue transformándose paulatinamente en amistad y colaboración. En 1854 Carolyne fue desterrada de Rusia y todos sus bienes confiscados. A partir de entonces, acompañó habitualmente a Liszt durante los diez años siguientes.

A partir de 1861 se instala en Roma por un tiempo, atento a colmar sus necesidades religiosas, así como al estudio de la música del Renacimiento. En 1865 se une a la Orden Tercera Franciscana, y recibe las Órdenes Menores. A partir de entonces, en Francia es conocido como el Abbé Liszt.

Desde 1869 pasa a residir alternativa y regularmente entre tres ciudades: Budapest, Roma Y Weimar, que se corresponden exactamente con sus tres sentimientos vitales: el amor a Hungría, el Misticismo  y la influencia de la música alemana.

En Budapest, donde suele pasar los veranos, reparte su tiempo entre la actividad docente en la Real Academia de Música –posteriormente, Academia de Música Franz Liszt- y la composición.

Liszt optó entonces por una vida sentimental más tranquila, con la Baronesa Olga von Meyendorf, que fue su compañera casi hasta el final. Sólo casi, porque en 1879 conoció a Lina Schmalhausen, una mujer muy joven que se apasionó por él cuando ya tenía setenta años.

Es muy ilustrativa del carácter y la personalidad del pianista, la relación que sostuvo con algunos de los compositores más célebres de la historia de la música. Para no variar la secuencia de tríos, Liszt tuvo especiales relaciones artísticas con tres de los más célebres compositores de su época: Wagner, Chopin y Borodin.

Richard Wagner de Giuseppe Tivoli

En 1840, cuando Liszt ya era sobradamente célebre, Richard Wagner, todavía era un desconocido, pero andando el tiempo se estableció entre ellos una larga correspondencia a través de la cual Wagner solicitaba frecuentemente ayuda financiera al pianista, quien nunca se la negó -una de sus características esenciales fue siempre la falta de interés por el dinero-. En 1849 se ocupó del montaje de Tannhäuser, que constituyó un resonante éxito. En 1853 Liszt viajó a París para ver a sus hijas y presentarles a Wagner, quien, como sabemos se casaría más adelante con Cósima. Por aquellas fechas, Liszt también organizó una Semana Wagner, con el mismo éxito que Tannhäuser, lo que provocó el agradecimiento desmedido del alemán: ¡Gracias, oh Cristo amado! Te considero como al mismo salvador. Wagner siguió pidiendo fondos a Liszt, quien, en cierta ocasión, diez años después, no se encontraba en disposición de ofrecérselos, lo que enfadó a Wagner. A ello se unió otro tema de fricción, cuando Wagner se negó a reconocer la influencia del pianista en sus composiciones, públicamente resaltada por los críticos, algunos de los cuales atribuían directamente a Liszt el componente armónico de su obra.

Hay ciertos temas –escribió Wagner a von Bülow, el primer marido de Cósima-, sobre los cuales estamos francamente de acuerdo, por ejemplo, que yo trato la armonía de manera muy distinta desde que me familiaricé con las composiciones de Liszt. Pero cuando un crítico se lo dice al mundo entero refiriéndose a mi Preludio, es para mí una indiscreción, ¿debería pensar que se trata de una indiscreción autorizada?

La relación entre los dos músicos volvió a tensarse unos años después, por el asunto de Cósima, cuando Wagner mostró su interés por ella, estando casada con von Bülow, antiguo alumno de Liszt y veinticinco años más joven que Wagner, quien siguió adelante a pesar de Liszt, provocando su alejamiento definitivo en 1870. Más tarde, ante la insistencia de Wagner, Liszt reanudó la correspondencia con él y perdonó a su hija. En 1882 el pianista acudió a la primera representación del Parsifal, tras la cual declaró: Mi punto de vista permanece inamovible; admiración absoluta y, si se quiere, incluso excesiva.

Al año siguiente, cuando Liszt fue informado del fallecimiento de Wagner, exclamó. -¿Por qué no?- añadiendo después a modo de explicación: -Hoy él, mañana yo.

Frederic Chopin de Eugène Delacroix

El húngaro Liszt y el polaco Fryderyk Franciszek Chopin siguieron trayectorias artísticas y vitales relativamente similares, a pesar de lo cual, la relación entre ambos, aun siendo buena en general, atravesó períodos de tibieza y distanciamiento. Se conocieron en el ambiente artístico y bohemio de principios de la década de 1830 y sobre su admiración recíproca en el terreno artístico no cabe la menor duda; Chopin expresó su admiración ante las transcripciones de Liszt, declarando que si pudiera, le robaría tan admirable facultad. Además, tenía en su casa de París y cerca del piano, un retrato de Liszt.

A pesar de que el círculo de amistades de Chopin era muy restringido, tuvo algunos amigos comunes con Liszt en el mundo de las artes; Heine, George Sand, Eugène Delacroix o Mayerbeer fueron amigos de los dos. Liszt era de los pocos que podían llamar Chopino al compositor polaco, pianista y también virtuoso.

Tuvieron, sin embargo, un desagradable choque de carácter privado a causa de la faceta mujeriega de Liszt, quien organizó algunos encuentros amorosos en casa de Chopin sin su conocimiento. Para colmo, surgieron insalvables diferencias entre Marie d’Agoult y George Sand, siendo, por último, los críticos quienes ensancharon el foso, resaltando un antagonismo artístico, según el cual, Liszt representaría el virtuosismo transcendental frente a un Chopin poseedor de la sensibilidad más exquisita.

En 1830 Chopin ya había publicado su primera serie de Doce Estudios, en el mismo estilo que mantuvo toda su vida. Liszt, cuya formación fue más lenta, no encontró su estilo personal hasta diez años después, al escribir las Dos Baladas, las Polonesas y la Bendición de Dios en la soledad, precisamente, al estilo de Chopin.
La enfermedad de Chopin borró todas las diferencias. Liszt transcribió entonces sus Lieder polonais y en un artículo titulado, De la situación de los artistas, defendió que las programaciones musicales de la época deberían dejar de lado los insípidos autores que solían interpretarse y sustituirlos por otros como Mozart, Beethoven, Weber, Berlioz o el propio Chopin.

Frédéric Chopin falleció en París a finales de 1849, a los treinta y nueve años; su desaparición inspiró a Franz Liszt la Heroida Fúnebre.

Alexandre Borodin en 1865.
San Petersburgo, 1833 – 1887

Franz Liszt y Alexander Porfirievich Borodin -Александр Порфирьевич Бородин- se conocieron en Weimar en 1877 en casa del primero.
Franz Liszt felicita a Borodin por el andante de la sinfonía que acaba de estrenar; acto seguido se pone al piano y  sobre el teclado, empieza a preguntarle acerca de miles de detalles sobre la composición de la pieza. Borodin reconoce que hay cuestiones que no sabe como responder, porque no es experto técnicamente –aunque recibió clases de música ya de adulto, Borodin había estudiado medicina-, y además cree que algunas de sus modulaciones resultan excesivas. Liszt le prohíbe que intente cambiar nada de lo que ha escrito; le dice que, efectivamente, ha ido demasiado lejos, pero que en ello reside exactamente su mérito. Para terminar, le aconseja que nunca tema ser original, añadiendo que hace mal en no publicar sus partituras y le felicita por su trabajo a pesar de no haber asistido al conservatorio.
Al día siguiente, Liszt dio un concierto en la catedral en el que Borodin estuvo presente. Después escribió una carta a su mujer: 

Cuando llegó el turno de Liszt, llegó por el fondo del coro y pronto su cabeza gris apareció tras el piano. Los poderosos sonidos que producía rodaban como olas bajo las bóvedas góticas del viejo templo. Era divino. ¡Qué sonoridad! ¡Qué potencia! ¡Qué plenitud! ¡Que pianíssino y qué morendo! Estábamos transportados. Cuando llegó la marcha fúnebre de Chopin, pareció que el fragmento no estaba preparado. Liszt improvisaba al piano, mientras el órgano y el violoncello ejecutaban las partes escritas. Cada vez que el tema volvía era diferente, pero es difícil concebir lo que él supo hacer. El órgano arrastraba pianíssimo los acordes. El piano, con el pedal, daba pianíssimo los acordes plenos. El violoncello cantaba el tema. Era como un sonido lejano de campanas fúnebres que seguían sonando cuando la vibración precedente no se había extinguido. Jamás he oído nada parecido… Estábamos en el séptimo cielo.

Cuando Borodin volvió a Weimar, los dos pianistas tocaron a cuatro manos las últimas composiciones del ruso, que omitió algunos elementos de su propia partitura. -¿Por qué lo ha hecho, siendo tan hermoso?-, le dijo Liszt, e insistió en el hecho de que las modulaciones de Borodin eran absolutamente originales.
El último tercio a analizar en la vida de Franz Liszt reside en la posibilidad de discernir su verdadero origen y nacionalidad, que se diluye entre Alemania, Austria y Hungría. Su abuelo paterno era austriaco,  su madre, alemana de Bohemia y Franz siempre se identificó como húngaro, aunque desconocía el idioma de su supuesta patria. De hecho, con ocasión de ofrecer un concierto en Budapest, exclamó emocionado ante el público: ¡Soy húngaro!, pero lo dijo en francés.

No hay nada que pueda impedir, a pesar de mi lamentable ignorancia de la lengua húngara, que me reafirme como magiar desde siempre, de corazón y de espíritu.

Algunos biógrafos, teniendo en cuenta, precisamente, que Liszt no conocía la lengua húngara, ni tenía antecedentes familiares, achacan las dudas sobre su origen al hecho de que en su época, las nacionalidades no estaban fijadas de forma inamovible y acaso en la certidumbre de que el compositor, era en realidad un cosmopolita, que eligió tal vez Hungría, como patria espiritual. También se considera la posibilidad de que su padre, Adam Liszt, declarara que Franz era húngaro para que los Esterházy accedieran a ofrecerle su mecenazgo. Tal vez la nacionalidad que mejor encaja con su personalidad y sus deseos, sería la austrohúngara, lo que haría de Liszt un adelantado a la unión de Austria y Hungría.
Una velada –imaginaria- en casa de Liszt en 1840.
Liszt toca el piano frente al busto de Beethoven; Marie d’Agoult  escucha apoyada en el piano; Alejandro Dumas padre pasa su brazo por el hombro de Víctor Hugo; tras ellos un retrato de Lord Byron; Paganini se apoya en el respaldo del sillón en el que está sentada George Sand, que tiene a  Rossini a su derecha. 

Josef Danhauser - Alte Nationalgalerie de Berlin

La influencia de Liszt ha sido fundamental en la aparición y evolución de diversas formas musicales.

El Poema sinfónico, cuya creación en ocasiones se atribuye a Berlioz, en su Sinfonía Fantástica, aunque se aproxima también a la obertura de Egmont, de Beethoven; en todo caso, fue Liszt quien lo convirtió en una forma musical con entidad propia.

La Sonata: Liszt sólo escribió una, en Si menor, pero con ella se convirtió en uno de sus más reconocidos intérpretes.

La Transcripción: Casi la mitad de la obra de Liszt, se compone de transcripciones, de las cuales algunas se consideran entre las mejores de la historia; por ejemplo, las nueve Sinfonías de Beethoven.

La Rapsodia: Liszt compuso diecinueve, con el objetivo de mostrar su concepto de la música húngara, en la que intentaba destacar la relación entre su amada patria y la cultura griega; en su concepto esta forma musical representaba el canto del rapsoda homérico.

El 25 de julio de 1886, a pesar de encontrarse en el límite de su resistencia, Liszt asiste al estreno de Tristán e Isolda de Richard Wagner en Bayreuth, al día siguiente, su salud empeora llamativamente; teme la proximidad de su aniversario, el día 30, que será viernes y él cree en la superstición de que esa fecha será fatídica. En la madrugada del sábado, saliendo de un sueño inquieto, se levanta asustado y grita algo acerca de Tristán. Pasó el día prácticamente inconsciente y falleció la noche del 31.


Por último, una nota de Jacques Drillon sobre sus prodigiosas ejecuciones y transcripciones pianísticas: En esos lieder la dificultad no es sólo digital. Es también intelectual. El canto, situado en la parte mediana (…) pasa continuamente de una mano a otra, y obliga al pianista a una gimnasia mental bastante penosa, de la que son incapaces, sencillamente, la gran mayoría de los intérpretes actuales.

Tal vez esto se explicaría bien si es cierto el dato de que las manos de Liszt, o tal vez los dedos, eran de un tamaño superior al que se considera normal como término medio, lo que le permitía abarcar doce teclas. En suma, con las dos manos, alcanzaría tres octavas.
La firma de Franz Liszt.
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