domingo, 10 de junio de 2012

MARÍA ESTUARDO -V- TRÁGICA TENTATIVA II: DON JUAN DE AUSTRIA

Tres tristes matrimonios y dos trágicas tentativas. María Estuardo
-V- TRÁGICA TENTATIVA II: DON JUAN DE AUSTRIA

Bolton, Chatsworth, Sheffield, Tutbury, Wingfield, Fotheringay, etc. son algunos de los castillos que Mary recorrió siguiendo órdenes de la reina de Inglaterra, quien una y otra vez, aseguró hacerlo por su propia seguridad. Isabel aportaba 52 libras semanales para el servicio de la casa, que Mary completaba con su pensión de viuda de Francia, consistente en 1.200 libras anuales.

Mary disponía de vajillas y candelabros de plata, así como de bellos tapices y otros elementos que podían contribuir a su bienestar y que constituían un pesado bagaje, cuyo transporte de una a otra residencia, requería el empleo de servicio y animales de carga en número notable.

Vivía, pues, con cierta comodidad, pero sufría también una honorable custody que caminaba pisando por sus huellas durante veinticuatro horas. Su honorable protector, a partir de junio de 1569 fue Georges Talbot, Conde de Shrewsbury, que relevó de tan ingrata tarea a su predecesor Knollys, quien aseguraba que prefería cualquier castigo antes que continuar con aquella penosa misión, que le convertía a él mismo en un prisionero.


El ambiente en que se desenvolvía, también era relativamente tranquilo y no le faltaba entretenimiento, puesto que incluso recibía visitas de personajes que no ignoraban que algún día, su vecina podría convertirse en reina de Inglaterra. Pero paulatinamente Mary abandonó el ejercicio físico, sobre todo, los paseos a caballo, permaneciendo en su cámara durante horas, dedicada plena y concienzudamente a sus bordados, aunque nunca olvidó que su obligación seguía siendo la de recuperar el trono, a cuyo efecto, mantenía conrrespondencia regular con cualquiera que pudiera ayudarla a conseguirlo, es decir, Madrid, París y Roma, desde donde se elaboraron para ella varios planes que, sucesivamente fueron descubiertos y frustrados.


La pobre loca –escribió proféticamente Carlos IX, rey de Francia, en 1572– no cederá hasta que le corten la cabeza. Acababa de descubrirse la conjura llamada de Ridolfi, contra le reina Isabel, y el cuñado francés de Mary conocía poco o nada el significado de la palabra “lealtad”, además de que acostumbraba a ocultarse detrás de su madre –Catalina de Médicis- o a volverse contra ella en función de las circunstancias.


Es difícil saber si Mary se mantuvo siempre firme por convicción, o fue porque creyó –o le hicieron creer– que le ayudarían a recuperar el trono de Escocia y la sucesión de Inglaterra. Lo cierto es que su existencia mantuvo a Isabel I en guardia durante veinte años, temiendo que algún rebelde doméstico o enemigo extranjero, pudiera utilizar a su prima como bandera de posibles rebeliones o atentados.


Después de Norfolk, estaba don Juan de Austria, que se preparaba en los Países Bajos con el objetivo de salvar y reponer en el trono a aquella honorable prisionera católica, con la que se casaría con la bendición del potífice. Pero el héroe de Lepanto nunca obtuvo el beneplácito de su hermano el rey de España. Un cúmulo de contrariedades le llevó a morir demasiado joven, en la mayor soledad y sin haber podido siquiera intentar salvar a su dama. Don Juan representa la SEGUNDA y última TRÁGICA TENTATIVA de matrimonio de Mary Stuart. Murió en octubre de 1578, apenas unos meses después del fallecimiento de Bothwell.



Don Juan de Austria. Monasterio de S. Lorenzo de El Escorial
Diseño de Ponciano Ponzano. Escultura de Giuseppe Galeotti.

Veinte años puede ser nada,  o puede ser un plazo excesivo: hasta hoy, nadie puede deducir sin lugar a dudas, lo que pasó por la cabeza de Mary Stuart en el transcurso de tan larga espera.


En Escocia los acontecimientos se sucedían regularmente. Como sabemos, el regente Moray murió en 1570, en Linlithgow, alcanzado por la bala de un Hamilton al que Mary recompensó debidamente. Su sucesor en la regencia, el conde de Lennox, padre de Darley, murió al año siguiente en el transcurso de un asalto en Stirling. A este le sucedió James Douglas, conde de Morton, cuarto y último regente, que fue guillotinado en junio de 1581.


En Inglaterra se sucedían con la misma regularidad los atentados contra la reina Isabel, en los que, de una manera u otra, se veía involucrada Mary Stuart. Ya hemos citado la conspiración de Ridolfi en 1570: mientras el duque de Alba ocupaba los Países Bajos, se apoyaría la rebelión de los católicos del norte de Inglaterra. Una vez neutralizada/muerta Isabel, Mary se casaría con el duque de Norfolk y ambos heredarían las dos coronas, lo cual constituía una buena perspectiva para ellos. No así para el duque de Alba, quien valorando la ascendencia Guise y las tendencias profrancesas de Mary, consideraba que un bloque anglo-francés podía ser muy perjudicial para la Corona de España.


Por su parte, John Hawkins –Aquines para los españoles- fingiéndose simpatizante secreto de la causa católica, sonsacó al embajador español en Londres, Gerau de Spés, los detalles más importantes del complot del que la reina fue asimismo informada por otras vías. Como sabemos, Norfolk pasó una temporada en La Torre de Londres y el Embajador español fue expulsado del país. Ridolfi logró escabullirse a tiempo y Mary reconoció su amor por Norfolk, pero nada más.


La conjura Throckmorton –Sir Francis-, de 1583 perseguía básicamente los mismos fines que la anterior, excepto que en este caso venía avalada por el duque de Guise, Henry I. Throckmorton, primo de una dama de la reina Isabel, confesó todo bajo tortura, de donde resultó la participación de los Jesuitas, del Cardenal Allen, y de él mismo, como agente a sueldo de la Corona de España. El embajador español, Bernardino de Mendoza, fue asimismo expulsado de la Isla.


Finalmente, en 1586, salió a la luz la conspiración de Anthony Babington, que también involucraba al rey de España y también pretendía favorecer la restauración de Mary y su acceso al trono de Inglaterra, pero en este caso, algunos preliminares fueron cuidadosamente elaborados con el fin de obtener pruebas concluyentes sobre la participación de la reina de Escocia, pruebas que, finalmente, la llevaron al cadalso.


Gilbert Gifford era el encargado de hacer llegar a Mary Stuart las cartas de sus simpatizantes franceses, a cuyo efecto las introducía, cifradas, en los tapones huecos de barriles de cerveza que fácilmente pudieron eludir el control de su quasi carcelero, el puritano Amyas  Paulet, que para entonces, había hecho muy difícil la vida de Mary.

Un grupo de católicos ingleses liderados por Babington, de quien Mary tuvo noticias a través de la correspondencia de los barriles, se proponía, como los anteriores, eliminar a Isabel y entronizar a Mary, con quien, sin embargo, no tenían medio de comunicarse, hasta que un día Gifford les llevó una carta firmada por ella. El mismo Gifford se encargó de hacer llegar a la escocesa la respuesta de los conjurados, junto con los detalles de su proyecto. Gifford fue descubierto y se puso al servicio de los ingleses. A partir de entonces, todas las cartas de Mary, una vez descifradas, pasaron por las manos de Walshingham quien, acto seguido, hacía que siguieran su curso entre ella y sus corresponsales. Y así continuó la correspondencia, hasta que los ingleses decidieron que había llegado la hora de intervenir directamente en busca de pruebas irrefutables.

Cuando Babington informa a Mary de que todo está dispuesto para apoyar la invasión española, le habla de Ballard y de algunos hombres que actuarán de inmediato e incondicionalmente en cuanto reciban una orden. En la respuesta, en la que Mary daba su aprobación al proyecto, Walshingham ordena a su experto, Phelippes que añada una nota empleando la misma cifra, por la cual, la reina les comunica su deseo conocer los nombres de aquellos incondicionales caballeros, a los que quizás pueda ofrecer alguna ayuda o consejo. Babington le manda una última carta con los nombres de todos ellos, que inmediatamente son capturados y sometidos a tortura, antes de ser ejecutados –Ballard y cinco hombres más- en Holborn, el 25 de septiembre.

Babington fue enviado a la Torre el 14 de agosto, mientras Mary era conducida a Fotheringay, en Northamptonshire, donde sería procesada a mediados de octubre de 1586.


Nota añadida en la carta de Mary a los conspiradores.

El 1º de febrero de 1587 Isabel accedía a firmar la sentencia de muerte pronunciada contra Mary Stuart y proclamada en el Parlamento el cuatro de diciembre anterior.

El texto de la sentencia firmado por Elizabeth R.


Vuestro juicio no lo condeno, tampoco niego vuestras razones, pero os ruego que aceptéis mi agradecimiento, disculpéis mis dudas y tengáis a bien mi respuesta sin respuesta.


Proceso y ejecución de Mary Stuart.

Jane Kennedy y Elizabeth Curle asisten a Mary  Stuart.

Por decisión de su protagonista, esta historia termina como empezó; exactamente el ocho de febrero de 1587. Ese día Mary Stuart o María Estuardo, reina de Escocia, o de los Escoceses, acusada y condenada por conspiración y traición contra la vida de la reina Isabel I de Inglaterra, fue ejecutada en el castillo de Fotheringhay, en Northamptonshire. 

Poco antes de su muerte, Mary había elegido una divisa personal que ella misma bordó cuidadosamente y que acabó haciendo fortuna entre la historia y la leyenda:


En mi fin está mi principio.


Tumba de Mary Queen of Scots en Westminster Abbey.
Tras su ejecución fue enterrada en Peterborough Cathedral,
pero después fue trasladada a Westminster por su hijo.

Más sobre Mary Stuart en este Blog: 
Tres tristes matrimonios y dos trágicas tentativas MARÍA ESTUARDO. 


-III- BOTHWELL.

-IV- TRÁGICA TENTATIVA I: EL DUQUE DE NORFOLK


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