lunes, 25 de junio de 2012

El Greco –Δομήνικος Θεοτοκόπουλος – y PARAVICINO

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EL GRECO 1614-2014
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EL GRECO Y PARAVICINO
1541–1614 / 1580–1633


Parece que El Greco –Δομήνικος Θεοτοκόπουλος –no fue hombre de muchos amigos, pero es casi seguro que los pocos que tuvo debieron ser cordiales e incondicionales.

Nacido en Candía, la capital de la Creta veneciana, en 1541, tras una etapa de aprendizaje en Venecia, terminó estableciéndose en la ciudad de Toledo, donde falleció en 1614. La ciudad y el pintor se adoptaron mutuamente, llegando a conformar dos almas en un mismo espíritu, hasta el punto de que hoy, El Greco y Toledo, son conceptos indisolublemente unidos


                        Creta le dio la vida y los pinceles
                        Toledo, mejor patria donde empieza
                        a lograr con la muerte, eternidades.

                                                                                    Paravicino


Es innegable que aquel extranjero –aparentemente nunca dejó de serlo, tal vez a causa de un profundo apego a su origen griego–, amó apasionadamente la ciudad del Tajo, pues, de lo contrario, jamás habría podido retratarla desde tan diferentes puntos de vista, bajo tan diferentes luces, y siempre envuelta en un perceptible halo de encanto casi mágico.


Todo lo dicho podría aplicarse igualmente a la realización del retrato de Fray Hortensio Paravicino. Desconocemos si el pintor y el modelo eran amigos e incluso si el retrato se hizo a instancias del uno, del otro o de cualquiera que tuviera interés en que se hiciera teniendo en cuenta que Paravicino fue escritor y poeta afamado en la época, pero es un hecho, que si el Greco solo lo hubiera conocido superficialmente, jamás habría podido ejecutar un retrato, en el que podría decirse que  capturó la profundidad del alma de Paravicino.


Cabría decir, incluso, que, a pesar de las diferencias de origen, religión, idioma, edad, etc. el Greco y Paravicino podrían encuadrarse en eso que en ocasiones llamamos almas gemelas, aunque no es posible demostrar esto, ni siquiera intentarlo, porque supera lo racional; como mucho, podemos intentar aproximarlos, a pesar de que lo único seguro de la relación entre ambos, es el hecho de que Paravicino debió posar para el Griego y, si eso ocurrió, tal vez tuvieron lugar entre ellos largas conversaciones que condujeron a que cada uno pudiera discernir con cierta claridad la esencia vital del otro.

Lo cierto es que Paravicino, quien se declaraba aficionado al arte, cuando vio el retrato, escribió un soneto en el que mostró su perplejidad y expresó una honda duda anímica acerca del hecho de que, si pudiera elegir, tal vez hubiera preferido la imagen pintada a la suya propia:

Entre tu mano y la de Dios, mi alma, perpleja,
duda cual es el cuerpo en que ha de vivir.

Hay que conformarse con la idea de que si algo podemos conocer al Greco, será sólo a través de aquellas percepciones que alcancemos a extraer de su obra, las cuales no pueden transformarse en datos objetivos, pero, por el contrario, sí disponemos de antecedentes precisos acerca de Fray Hortensio Paravicino, o Félix Arteaga, su nombre literario, antes y después de 1609, fecha casi segura de la creación de su retrato.

La vida de Paravicino fue brillante, pero no fácil y él sabía por qué, pero nosotros lo hemos sabido siglos después.



El brillante predicador y poeta culterano, censurado y alabado, tal como lo sería el maestro Góngora, nació en Madrid el doce de octubre de 1580 –cuando el Griego contaba ya casi 40 años–, y en esta ciudad fallecería, también un día doce, en diciembre de 1633.

En 1597, apenas con diecisiete años, Paravicino, destacado estudiante en Salamanca, obtiene del Archiduque Alberto -entonces Cardenal de Toledo y posteriormente, Gobernador General de los Países Bajos y esposo de la Infanta Isabel Clara Eugenia- el derecho de acceso a dignidades eclesiásticas, derecho cuya obtención exige fundamentalmente, una estirpe limpia, es decir, sin la menor sospecha de contener en su sangre algún vestigio de origen racial diverso o cualquier duda sobre la legitimidad de su nacimiento. Hay que insistir en ello, porque una mancha podía condicionar radicalmente el futuro de una persona, más, acaso, que si fuera hallado culpable de un delito de carácter criminal, pero Paravicino estaba limpio y a los veintiún años era Catedrático de Retórica por Salamanca.

En 1600 se produce un nuevo repaso a su casta, para la admisión en la Orden Trinitaria, sin que apareciera nada que lo pudiera impedir, del mismo modo que, ya en 1617, para acceder al cargo de predicador real, fue sometido a una exhaustiva información en la que declararon numerosos testigos y de la que tampoco resultó la menor brizna que empañara su limpieza. El fraile trinitario podía estar tranquilo al respecto, igual que podía estarlo su parroquiano, Felipe III, quien frecuentemente, es llamado El Piadoso, porque lo era, y jamás habría admitido a un sospechoso de falta de limpieza a su lado; mucho menos, claro está, como predicador familiar.


Teniendo a la vista la documentación relativa a todas esas informaciones, los investigadores nunca dieron mayor importancia a un libelo versificado que circuló por Toledo y que siempre se atribuyó a un enemigo personal de Paravicino; el autor se habría excedido en su burlas rimando insultos y falsedades, ni más ni menos brutales que las contenidas en tantos otros escritos de la época, ya fuera contra Lope de Vega, Quevedo, Góngora o Cervantes, y en los cuales siempre había dos temas recurrentes: limpieza y sexualidad.


En el caso de Fray Hortensio, las acusaciones contra su persona eran diversas y cada una más malvada que la anterior:


Pura vuestra madre fue.
Perdonad, por vida mía,
que un pelo, cuando escribía,
me trocó la R en T.

No sé cómo no ha dudado
de quien se formó en pecado
publicar gracias la Fama.
Entre gentilhombre y dama,

Cierto es que no habéis guardado
ni de Rey ni de Dios ley,
pues a vuestro señor Rey
habéis, bastardo, engañado.


Que érades, oí decir,
el problemático amante,
y dijo un representante
que es caso de Barrabás
disfrazar golpes de atrás
con amagos de adelante.
(1)


La sorpresa surge en la actualidad cuando, inesperadamente, aparece un documento firmado por su padre, Mucio Paravicino, natural de Milán, el primero de abril de 1600, en el que declaraba que siendo soltero tuvo vn hijo natural que se llama Hortensio Parauiçino y despues se casó en esta corte y de este matrimonio tiene dos hijos que se llaman Francisco y Gaspar.

Ciertamente, si ese dato era conocido – y puesto que ignoramos si la mujer con la que se casó el señor Mucio, era la madre de Hortensio–, el libelista disponía de una base firme para proferir insultos contra el Fraile, cuya brillante trayectoria, ya fuera en el terreno académico, monástico, cortesano, o en el de las letras, despertó furibundas envidias.

En todo caso, aquel baldón –descubierto o encubierto– atravesaría la línea de su vida como una diagonal venenosa capaz de enturbiar cada uno de sus actos y cada una de sus palabras, y explicaría la profunda, aunque sosegada, tristeza que refleja la mirada del lienzo.

Se reconoce generalmente la sensibilidad artística y el agradable carácter de Paravicino, lo que unido a su facilidad para sostener una conversación interesante y culta, le granjeó muy buenos amigos y protectores, igual que le ocurrió al Griego, a quien, si no se le atribuye el agrado como característica de su personalidad, sí se le reconoce una nobleza de espíritu que equilibraría la balanza.

La amistad entre ambos pudo empezar en 1607, y el retrato fue realizado en 1609, lo que permite conjeturar que pudieron verse con relativa frecuencia, al menos durante ese período, breve en el tiempo, pero imperecedero, si nos atenemos al retrato en cuestión, cuya idea, siguiendo la misma conjetura, podría haber surgido del propio pintor, a la vista de un modelo en cuya mirada supo leer las certezas más profundas.

El resultado causó gran admiración y una grata sorpresa a Fray Hortensio, que dejó patente su espléndida reacción en el soneto del que hablamos antes:


                        Divino Griego, de tu obrar no admira,
                        que en la imagen exceda al ser el arte,
                        sino que della el cielo por templarte
                        la vida, deuda a tu pincel retira.
                        No el Sol sus rayos por su esfera gira,
                        como en tus lienzos, basta el empeñarte,
                        en amagos de Dios, entre a la parte
                        naturaleza que vencerse mira.

                        Emulo de Prometheo en un retrato,
                        no afectes lumbre, el hurto vital deja,
                        que hasta mi alma a tanto ser ayuda.
                        Y contra veinte y nueve años de trato,
                        entre tu mano y la de Dios, perpleja,
                        cual es el cuerpo, en que ha de vivir, duda.


Así pues, Paravicino, además de apelar al Greco como DIVINO, considera que su arte excede al propio SER y que sus pinceles nada deben al cielo. Asegura incluso, que ni aún el sol gira en la naturaleza como en los lienzos del artista amigo. Declara además, que le basta al Greco creador, empeñarse en AMAGOS DE DIOS, y termina, como ya vimos, confesando que su alma duda –a los veintinueve años- si preferiría vivir en el cuerpo que le ha dado Dios, o en aquel que representa tan excelente pintura.

                                         

El Greco sobrevivió apenas cinco años a la ejecución del retrato, y de nuevo, el fraile le dedicó un espléndido soneto a modo de epitafio:

                            Del Griego aquí lo que encerrarse pudo
                            yace, piedad lo esconde, fe lo sella,
                            blando le oprime, blando mientras huella
                            zafir, la parte que se hurtó del nudo,

                            

                           Su fama el orbe no reserva mudo
                           humano clima, bien que a oscurecerla;
                           se arma una envidia, y otra tanta estrella,
                           nieblas no atiende de horizonte rudo.

                           

                           Obró al siglo mayor, mayor Apeles,
                           no el aplauso venal, y su extrañeza

                           admirarán, no imitarán edades.
                           
                           Creta le dio la vida, y los pinceles
                           Toledo, mejor patria donde empieza
                           a lograr con la muerte, eternidades.




No mucho después, la siempre delicada salud del poeta trinitario, le fue encaminando a su vez, hacia la misma mejor patria, tal vez para compartir las mismas eternidades que Doménico Theotokópulos, su segundo creador.

…ha mucho tiempo que visitamos al Padre Maestro Hortensio, Predicador de SM, el cual padece graves y muchas enfermedades: … parece milagro haber podido continuar tan graves estudios y acciones públicas, sin haber sucedido en algunas de ellas algún accidente de muerte presurosa. Y aunque se le han hecho muchos remedios entreteniendo la vida para cumplir con las obligaciones públicas de su oficio, predicando y siguiendo a SM en algunas jornadas, nunca se a podido tomar de raíz la curación… antes cada día está más incapaz de remedio, si no excusa estudios grandes y obligaciones de su Orden; que de lo uno y otro se debe exonerar para vivir, ya que el sanar del todo sea dudoso. Dudoso se llama el suçeso de males contrarios, quando el remedio del uno es fuerza, y aumenta el daño del otro. Y assí es necesario, para curaçión tan larga, mucho regalo, y quien con cuidado continuo le asista a todos tiempos, de noche y de día. Y estos males no avisan de su venida. Y por la misma razon decimos que ande en coche, porque lleve consigo quien le acuda; que no es razón tal persona ande a pie por las calles, arrimándose o dando la mano D. Antonio Ponce Sancta Cruz. (Rúbrica).

Carta escrita al Excelentísimo Sr. Duque de Íjar y Francavila, Conde de Salinas y Ribadeo, Gentilhombre e la cámara del Rei Nuestro Señor, para algún consuelo de la pérdida del gran Padre Mo. Fray Hortensio Félix Paravisino, Predicador del Rey nuestro Señor, tan conocido y estimado por sus grandes parte, letras, ingenio y aventajada elocuencia:

No es consuelo hablar en la muerte de los amigos; más es ternura que lisonja. Perdimos un ingenio único en la erudición y en la elocuencia, y con la desdicha de perderle nos da ocasión la alabanza, no es mucho diga la pluma algo de lo que siente el afecto… maestro de la lengua castellana, curioso de la latina, de todas artes noticia y de todas letras ciencia. Peregrino en el sentir, elegante en la retórica, hablaba como discurría, discurría como hablaba. Este es el que muere. ¡O hado infeliz, que muera como todos el que nace como uno, …Phenix o felix fue en el exercicio apostólico, penetró los […] de las divinas letras: díganlo tantos discursos como se dan a la estampa, con su erudición entendidos, realzados con su elegancia. …viva en la memoria de los hombres el crédito de los siglos. …Guarde Dios a V. Exca…. (El autor es un Oidor del Consejo de Indias, llamado Don Pedro de Vivanco, [sino que] no se pone el nombre por no usarse).

Fray Hortensio Paravicino partió el 12 de diciembre de 1633 desde el Convento de la Santísima Trinidad de la calle de Atocha en Madrid. Tenía 53 años.

Los originales que para perpetua memoria he puesto (junto con la librería que dejó este gran Padre) en nuestro convento de Madrid... He hecho labrar en este nuestro convento de Madrid, una muy famosa cuadra, y puesto en ella toda su librería, que es de las más ricas y abundantes de esta Corte, con el retrato de este grande Padre, tan parecido al original, que parece que no puede adelantarse más el Arte.

Fray Fernando Remírez. Provincial de su Orden.


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(1) La documentación relativa al padre de Fr. Félix Paravicino, procede de: NUEVOS ELEMENTOS PARA LA BIO-BIBLIOGRAFÍA DE FRAY HORTENSIO PARAVICINO de Francis CERDAN. Universidad de Toulouse-Le Mirail.
-Las Imágenes de las “Obras Póstumas”: Biblioteca Virtual Cervantes.

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